Laboratorio De Microbiologia

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Procedimientos en Microbiología Clínica

SEGURIDAD EN EL LABORATORIO
DE MICROBIOLOGÍA CLÍNICA
1. INTRODUCCIÓN
El estudio de las bacterias, virus, parásitos,
hongos y otros agentes infecciosos que pueden ser
patógenos para el hombre, los animales u otras
formas de vida comporta riesgos que varían según el
agente infeccioso y los procedimientos utilizados. Las
normas de Seguridad Biológica pretenden reducir a
un nivel aceptable el riesgo inherente a la
manipulación de material peligroso y son muy
rigurosas para los agentes más peligrosos y menos
exigentes para los que causan problemas de menor
entidad. Deben ser consideradas como compromisos
destinados a conseguir que las personas que trabajan
con agentes infecciosos en el Laboratorio de
Microbiología estén expuestas al mínimo riesgo
posible.
Por otra parte, el personal del Laboratorio de
Microbiología está expuesto a riesgos no biológicos
(químicos, físicos, eléctricos, etc.) comunes a otros
laboratorios.
La actitud y el modo de proceder de aquellos
que trabajan en el Laboratorio de Microbiología
determinan su propia seguridad, así como la de sus
compañeros y la de la colectividad. El equipamiento y
el diseño del Laboratorio de Microbiología contribuyen
a ésta sólo si las personas que trabajan en él están
motivadas, conocen las normas de seguridad y las
aplican.
En nuestro país, la protección de los
trabajadores frente a los riesgos relacionados con la
exposición a agentes biológicos está regulada por el
Real Decreto (RD) 664/97 y la adaptación contenida
en la Orden de 25 de marzo de 1998.
El riesgo puede ser alto o muy limitado y
depende de la motivación del personal, de la
infraestructura y de la metodología. De nada sirven la
mejor ingeniería sanitaria, un óptimo diseño
arquitectónico o la tecnología más avanzada si el
personal desconoce o incumple las medidas
establecidas para su seguridad.
La formación es, pues, la clave de la eficacia
de los programas de seguridad y ésta debe ser
facilitada a todas las personas que están expuestas a
los riesgos del laboratorio: personal del laboratorio, de
mantenimiento, de limpieza, etc.
Los trabajadores deben responsabilizarse de
su propia seguridad y de la de sus compañeros una
vez las normas de seguridad han sido establecidas,
aprobadas, escritas y asumidas.
Un programa de seguridad gestionado por
profesionales bien entrenados, con un alto grado de
participación por parte de los trabajadores, puede
llevar no sólo a una disminución del número de
lesiones y enfermedades, sino también a un
incremento de la satisfacción del trabajador y de la
productividad. Es necesario por tanto estimular,
desarrollar e implantar programas de seguridad y
salud efectivos.
1.1. Manual de Seguridad del Laboratorio de
Microbiología Clínica
En todo Laboratorio de Microbiología debe
existir un Manual de Seguridad porque todo el
personal tiene el derecho y el deber de conocer en
profundidad los riesgos de su profesión. Es imposible
protegerse de lo que se desconoce, de ahí la
importancia de este Manual, su revisión anual, su
entrega con acuse de recibo a todo el personal del
laboratorio, así como su cumplimiento.
1.2. Aspectos administrativos. Normas y
procedimientos
1. Deben existir normas escritas sobre salud
y seguridad en el lugar de trabajo,
incluyendo programas de inspección y
monitorización y normas de
adiestramiento para trabajar de forma
segura.
2. Los trabajadores que estén expuestos a
compuestos peligrosos deben formar
parte de programas apropiados de
reconocimiento médico.
Reconocimiento médico
Los reconocimientos médicos son
particularmente importantes para el personal, puesto
que los trabajadores pueden estar expuestos a
numerosos agentes biológicos y químicos.
Incluirán: Historia clínica y ocupacional previa.
Exámenes físicos previos.
Pruebas fundamentadas.
Plan de seguimiento y
reconocimiento.
En definitiva habrán de aplicarse los
Protocolos de Vigilancia Sanitaria Específica de los
Trabajadores Expuestos a Riesgos Biológicos,
elaborados por el Ministerio de Sanidad, como de
obligado cumplimiento para todas aquellas empresas
o laboratorios que manejen agentes biológicos.
Responsabilidades
De acuerdo con el RD 39/97 sobre
“Reglamento de los Servicios de Prevención”: la
prevención de los riesgos laborales como actuación a
desarrollar dentro de cualquier empresa deberá
integrarse en el conjunto de sus actividades y
decisiones, tanto en los procesos técnicos, en la
organización del trabajo y en las condiciones en las
que éste se preste, como en la línea jerárquica de la
empresa, incluidos todos los niveles de la misma.
Según el RD 664/97, el responsable
inmediato de la Seguridad y Condiciones de Trabajo
en el Laboratorio de Microbiología Clínica es el Jefe
de Servicio o del Laboratorio. Debe supervisar y
mantener actualizado el Manual de Seguridad
entregado a todos los trabajadores del laboratorio,
con constancia por escrito de este hecho.
El Coordinador y/o Supervisor de Seguridad
es el responsable del cumplimiento diario de dicho
Manual, así como del Registro de todos los
incidentes.
Tanto el Jefe del Laboratorio como el
Supervisor de Seguridad, deberán tener una estrecha
relación con el Servicio de Prevención de Riesgos
Laborales a fin de garantizar la adecuada protección
de la seguridad y salud de los trabajadores.
2. PRINCIPIOS BÁSICOS DE LA SEGURIDAD
BIOLÓGICA
2.1. Definiciones
Agentes biológicos (según RD 664/97).
Microorganismos, con inclusión de los genéticamente
modificados, cultivos celulares y endoparásitos
humanos susceptibles de originar cualquier tipo de
infección, alergia o toxicidad.
Microorganismo (según RD 664/97). Toda
entidad microbiológica, celular o no, capaz de
reproducirse o de transferir material genético.
Cultivo celular (según RD 664/97). El
resultado del crecimiento in vitro de células obtenidas
de organismos multicelulares.
Peligro. Todo aquello que puede producir un
daño o un deterioro de la calidad de vida individual o
colectiva de las personas.
Daño. Es la consecuencia producida por un
peligro sobre la calidad de vida individual o colectiva
de las personas.
Riesgo. Probabilidad de que ante un
determinado peligro se produzca un cierto daño,
pudiendo por ello cuantificarse.
Desinfección (según la OMS). Eliminación
de agentes infecciosos que están fuera del organismo
por medio de la exposición directa a agentes
químicos o físicos.
Contaminación (según la OMS). Presencia
de un agente infeccioso en la superficie del
organismo; también en vestimenta, ropa de cama,
juguetes, instrumentos quirúrgicos, apósitos u otros
objetos inanimados o substancias, incluyendo el agua
y los alimentos.
Esterilización (según la OMS). Destrucción
de todas las formas de vida por calor, radiación, gas o
tratamiento químico.
Limpieza (según la OMS). Eliminación,
mediante fregado y lavado con agua caliente, jabón o
un detergente adecuado, o por el empleo de una
aspiradora, de agentes infecciosos y substancias
orgánicas de superficies en las cuales éstos pueden
encontrar condiciones adecuadas para sobrevivir o
multiplicarse.
2.2. Clasificación de los agentes biológicos por
grupos de riesgo
El RD 664/97 clasifica los agentes biológicos
en cuatro grupos en función del riesgo de infección:
Agente biológico del grupo 1. Aquél que
resulta poco probable que cause una enfermedad en
el hombre.
Agente biológico del grupo 2. Aquél que
puede causar una enfermedad en el hombre y puede
suponer un peligro para los trabajadores, siendo poco
probable que se propague a la colectividad y
existiendo generalmente profilaxis o tratamiento
eficaz.
Agente biológico del grupo 3. Aquél que
puede causar una enfermedad grave en el hombre y
presenta un serio peligro para los trabajadores, con
riesgo de que se propague a la colectividad y
existiendo frente a él generalmente profilaxis o
tratamiento eficaz.
Agente biológico del grupo 4. Aquél que
causando una enfermedad grave en el hombre
supone un serio peligro para los trabajadores, con
muchas probabilidades de que se propague a la
colectividad y sin que exista generalmente frente a él
profilaxis o tratamiento eficaz.
2.3. Niveles de contención
La Seguridad Biológica se fundamenta en
tres elementos: 1) Las técnicas de laboratorio, 2) El
equipo de seguridad (o barreras primarias) y 3) El
diseño de la instalación (o barreras secundarias).
• Técnicas de laboratorio. El elemento más
importante para contener los riesgos
biológicos es el seguimiento estricto de las
prácticas y técnicas estándar microbiológicas.
Como parte de estas prácticas está el
desarrollo o adopción por parte de cada
laboratorio de un manual de operaciones (o
Manual de Seguridad Biológica) en el que se
identifiquen los riesgos que pueda sufrir el
personal y que especifique los
procedimientos que puedan minimizar esos
riesgos.
• Equipo de seguridad (barreras primarias).
Se incluyen en este apartado tanto
dispositivos o aparatos que garantizan la
seguridad (por ejemplo, las cabinas de
seguridad biológica), como las prendas de
protección personal (guantes, mascarillas,
batas, calzado…).
• Diseño y construcción de la instalación
(barreras secundarias). La magnitud de las
barreras secundarias dependerá del tipo de
agente infeccioso que se manipule en el
laboratorio. Dentro de ellas se incluyen la
separación de las zonas donde tiene acceso
el público, la disponibilidad de sistemas de
descontaminación (autoclaves), el filtrado del
aire de salida al exterior, el flujo de aire
direccional, etc.
El término “contención” se emplea para
describir los métodos que hacen seguro el manejo de
materiales infecciosos en el laboratorio. El propósito
de la contención es reducir al mínimo la exposición
del personal de los laboratorios, otras personas y el
entorno a agentes potencialmente peligrosos.
Se suelen describir cuatro niveles de
contención o de seguridad biológica, que consisten en
la combinación, en menor o mayor grado, de los tres
elementos de seguridad biológica descritos: técnica
microbiológica, equipo de seguridad y diseño de la
instalación. Cada combinación está específicamente
dirigida al tipo de operaciones que se realizan, las
vías de transmisión de los agentes infecciosos y la
función o actividad del laboratorio.
Nivel de contención 1. Es el nivel de
seguridad requerido para los agentes biológicos del
grupo 1, es decir, los que no producen enfermedad
en el ser humano sano y de susceptibilidad conocida
y estable a los antimicrobianos. Es el utilizado
habitualmente en los laboratorios de prácticas de
universidades o centros docentes donde se emplean
cepas no patógenas (E. coli K12, Saccharomyces
cerevisiae, etc.). Ejemplos típicos son todos los
microorganismos que se utilizan en la industria de la
alimentación para la elaboración de quesos,
cerveza, embutidos, etc.
Nivel de contención 2. Es el obligado para
agentes del grupo 2 como algunos que,
perteneciendo a la propia flora habitual del hombre,
son capaces de originar patología infecciosa humana
de gravedad moderada o limitada. Deben ser
manipulados por personal especializado (técnicos de
laboratorio, especialistas en Microbiología) y son los
que con más frecuencia se estudian en el Laboratorio
de Microbiología Clínica: estafilococos, Salmonella,
etc.
Nivel de contención 3. Debe utilizarse
cuando se manipulan agentes biológicos del grupo 3,
microorganismos que cursan con patología grave, de
difícil y largo tratamiento, que pueden curar con
secuelas y ocasionalmente producir la muerte. El
mayor y más frecuente peligro que entrañan éstos es
la infección adquirida a través de aerosoles y por
fluidos biológicos. Por ello, las principales medidas a
tomar en este caso son la correcta manipulación y la
utilización de cabinas de seguridad. En los
Laboratorios de Microbiología Clínica los ejemplos
más típicos de este tipo de microorganismos son M.
tuberculosis, Brucella, Coxiella burneti, etc. Sólo
pueden ser procesados por personal cualificado y en
una zona con la infraestructura apropiada para el
Nivel de Contención 3, es decir, con aire
acondicionado independiente, sin recirculación de
aire, con gradiente de presión, cabinas de
bioseguridad, etc.
Nivel de contención 4. Nivel requerido
cuando se procesa con certeza o se sospecha un
agente especialmente patógeno e infectocontagioso,
exótico o no, que produce alta mortalidad y para el
que no existe tratamiento y/o es poco fiable.
Normalmente son microorganismos de dosis
infectiva baja y alta contagiosidad. Este nivel
también puede utilizarse para trabajar con animales
de experimentación infectados por microorganismos
del grupo 4. Ejemplos de este nivel son los
arenavirus como el que produce la fiebre de Lassa y
el virus Machupo, virus Ebola, etc. Además, deben
incluirse en este nivel de contención los
microorganismos propios del grupo 3 que adquieran
propiedades patógenas que los eleven al grupo 4.
Un ejemplo sería Mycobacterium bovis
multirresistente que puede causar fallecimiento por
fracaso terapéutico.
En general, la naturaleza infecciosa del
material clínico es desconocida y al Laboratorio de
Microbiología suelen remitirse muestras muy
diversas. Es responsabilidad del Jefe del Laboratorio
el establecimiento de prácticas normalizadas que de
forma realista permitan su manipulación. Excepto en
casos excepcionales (por ejemplo: sospecha de
fiebres hemorrágicas), el procesamiento inicial de los
especímenes clínicos y las pruebas serológicas
pueden realizarse de forma segura en un nivel 2, que
es el nivel recomendado para trabajar con patógenos
que se transmiten por vía sanguínea como el virus de
la hepatitis B y el VIH, a lo que habría que añadir las
precauciones universales que deben ser tomadas con
todas las muestras de sangre y otros materiales
potencialmente infecciosos.
Los laboratorios que realicen trabajos que
impliquen la manipulación de agentes biológicos de
los grupos 2, 3 ó 4 con fines de investigación,
desarrollo, enseñanza o diagnóstico deberán
establecer medidas de contención que se aplicaran
según la naturaleza de las actividades, la evaluación
del riesgo para los trabajadores y las características
del agente biológico de que se trate.
Medidas de contención para los distintos niveles
de contención
Observación preliminar. Las medidas que figuran a
continuación se aplicarán según la naturaleza de las
actividades, la evaluación del riesgo para los
trabajadores y las características del agente biológico
de que se trate.
Niveles de contención
Medidas de contención 2 3 4
1. El lugar de trabajo se encontrará separado de toda actividad que
se desarrolle en el mismo edificio
No Aconsejable Sí
2. El aire introducido y extraído del lugar de trabajo se filtrará
mediante la utilización de filtros de alta eficacia para partículas en el
aire (HEPA) o de forma similar
No Sí, para la
salida de aire
Sí, para la
entrada y
salida de aire
3. Solamente se permitirá el acceso al personal designado Aconsejable Sí Sí, con
esclusa de
aire
4. El lugar de trabajo deberá poder precintarse para permitir su
desinfección
No Aconsejable Sí
5. Procedimientos de desinfección específicos Sí Sí Sí
6. El lugar de trabajo se mantendrá con una presión negativa
respecto a la presión atmosférica
No Aconsejable Sí
7. Control eficiente de vectores, por ejemplo, roedores e insectos Aconsejable Sí Sí
8. Superficies impermeables al agua y de fácil limpieza Sí, para
banco de
pruebas y
mesa de
trabajo
Sí, para
banco de
pruebas,
mesa de
trabajo y
suelo
Sí, para
banco de
pruebas,
mesa de
trabajo, suelo,
paredes y
techos
9. Superficies resistentes a ácidos, álcalis, disolventes y
desinfectantes
Aconsejable Sí Sí
10. Almacenamiento de seguridad para agentes biológicos Sí Sí Sí, almacenamiento
seguro
11. Se instalará una ventanilla de observación o un dispositivo
alternativo en las zonas de manera que se pueda ver a sus
ocupantes
Aconsejable Aconsejable Sí
12. Laboratorio con equipo propio No Aconsejable Sí
13. El material infectado, animales incluidos, deberá manejarse en
una cabina de seguridad biológica o en un aislador u otra contención
apropiada
Cuando
proceda
Sí, cuando la
infección se
propague por
el aire

14. Incinerador para destrucción de animales muertos Aconsejable Sí, disponible Sí, en el
mismo lugar
Las actividades que supongan la
manipulación de un agente biológico se ejecutarán:
• Únicamente en zonas de trabajo que
correspondan por lo menos a un nivel de
contención 2 para un agente biológico del
grupo 2.
• Únicamente en zonas de trabajo que
correspondan por lo menos a un nivel de
contención 3 para un agente biológico del
grupo 3.
• Únicamente en zonas de trabajo que
correspondan por lo menos a un nivel de
contención 4 para un agente biológico del
grupo 4.
Los laboratorios que manipulen materiales
con respecto a los cuales exista incertidumbre
acerca de la presencia de agentes biológicos que
puedan causar enfermedad en el hombre, pero que
no tengan como objetivo trabajar con ellos como
tales, cultivándolos o concentrándolos, deberán
adoptar al menos el nivel de contención 2. Deberán
utilizarse los niveles 3 ó 4 cuando proceda, siempre
que se sepa o sospeche que son necesarios, salvo
cuando las líneas directrices establecidas por las
autoridades sanitarias indiquen que, en algunos
casos, conviene un nivel de contención menor.
3. NORMAS GENERALES DE SEGURIDAD
BIOLÓGICA EN EL LABORATORIO DE
MICROBIOLOGÍA CLÍNICA
La peligrosidad de un agente está
directamente relacionada con el tipo de manipulación
a la que es sometido. Por ello es básico:
1. Conocer los agentes, sustancias y
productos peligrosos que existen en el
laboratorio.
2. Conocer la metodología de trabajo del
laboratorio.
3. Conocer el equipamiento del laboratorio.
4. Conocer las medidas a tomar en caso de
emergencia.
5. Conocer las leyes relacionadas con la
Seguridad Biológica.
6. Respetar y hacer cumplir todo lo anterior.
Para que se produzca un accidente por
agente biológico deben concurrir básicamente cuatro
elementos: un huésped susceptible, un agente
infeccioso, una concentración suficiente de éste y una
ruta de transmisión apropiada. De todos ellos, el que
mejor se puede controlar en el laboratorio es la ruta
de transmisión.
Las rutas de transmisión más comunes en el
laboratorio son la aérea y la inoculación directa, muy
por encima de todas las demás, aunque la oral, la
percutánea y el contacto directo con la piel o las
mucosas también son posibles.
Siendo imposible determinar a ciencia cierta
si cualquier material biológico está contaminado con
microorganismos del grupo 2 ó 3, ciertas muestras
(respiratorias, etc.) en las que sea posible que exista
un microorganismo del grupo 3 deben manipularse
rutinariamente en las cabinas de Seguridad Biológica
(CSB).
3.1. Medidas generales
Son de obligado cumplimiento en cualquier
área del laboratorio.
– El acceso al laboratorio estará limitado al
personal autorizado.
– No deben entrar en el mismo familiares ni
amigos.
– El personal del laboratorio debe
implicarse en el cumplimiento de las
normas de seguridad.
– Todas las áreas estarán debidamente
marcadas con la señal de riesgo biológico
y su nivel de contención.
– Las puertas y ventanas deben
permanecer cerradas para mantener la
adecuada contención biológica.
– Todas las superficies de trabajo se
limpiarán y desinfectarán diariamente y
siempre que se produzca un derrame.
Los residuos y muestras peligrosas que
van a ser incinerados fuera del laboratorio
deben ser transportados en contenedores
cerrados, resistentes e impermeables
siguiendo las normas específicas para
cada tipo de residuo.
– El laboratorio debe permanecer limpio y
ordenado y no es aconsejable utilizar los
pasillos como almacén. Siempre debe
quedar un espacio libre no inferior a 120
cm para poder evacuar el laboratorio en
caso de emergencia.
– El transporte de las muestras dentro o
entre laboratorios se realizará de tal
manera que, en caso de caída, no se
produzcan salpicaduras. Lo
recomendable es hacerlo en cajas
herméticas o neveras transportables.
Estas cajas o neveras deberán ser rígidas
y resistentes a los golpes, contar con
materiales absorbentes en su interior y de
fácil desinfección. Se etiquetarán o
identificarán de forma oportuna y no
podrán ser utilizadas para otros fines.
Bajo ningún concepto se pueden
transportar las muestras a mano.
– La ropa protectora, fácilmente ajustable y
confortable, así como guantes, gafas, etc.
debe estar disponible en todo momento.
La ropa protectora de las áreas con nivel
de contención 3 (cubrebatas) nunca debe
ser usada fuera del área de trabajo y si se
quita debe de ser desechada
automáticamente en una bolsa de
material contaminado. Jamás debe volver
a ser usada.
– Todo el personal debe poner especial
cuidado en evitar el contacto de la piel
con materiales potencialmente
infecciosos. Con este fin deben usarse
guantes cuando se manipulen muestras o
cultivos que contengan posibles
patógenos. Los guantes siempre serán
desechados antes de salir del área de
trabajo. Jamás se saldrá de la misma con
los guantes puestos, ni con ellos se
cogerá el teléfono, se tocarán los
volantes, etc.
– Tras quitarse los guantes, se realizará un
lavado de manos.
– Se usarán gafas protectoras y mascarillas
faciales si existe riesgo de salpicaduras
y/o aerosoles.
– Se pondrá extremo cuidado en minimizar
el riesgo de autoinoculación y de
generación de aerosoles.
– Los derrames y accidentes deben ser
informados inmediatamente al Supervisor
y al Jefe del Laboratorio y hacerse
constar por escrito.
– Nadie podrá trabajar en el área de
tuberculosis con una prueba de Mantoux
negativa.
– Está rigurosamente prohibido pipetear
con la boca. Se realizará pipeteo
automático con material adecuado y cada
trabajador será instruido para manejarlo
debidamente.
– En la zona de trabajo no debe colocarse
material de escritorio ni libros ya que el
papel contaminado es de muy difícil
esterilización.
– No deberán usarse lentes de contacto.
3.2. Higiene
– El personal con el cabello largo debe
llevarlo recogido.
– Comer, beber, fumar y aplicarse
cosméticos esta formalmente prohibido
en el área de trabajo del laboratorio, así
como el almacenamiento de comida o
bebida.
– El personal debe lavarse las manos
frecuentemente durante las actividades
rutinarias, tras acabar la jornada laboral y
siempre antes de abandonar el
laboratorio (almorzar). Se usará un jabón
antiséptico y el secado se realizará con
papel.
– Las heridas y cortes en las manos, si se
han producido en el Laboratorio, serán
comunicados al responsable de la
Sección correspondiente, así como al
Supervisor, que lo registrará haciendo
constar todas las circunstancias. Las
heridas y cortes deben ser
convenientemente vendados y después
es imprescindible ponerse guantes.
3.3. Objetos punzantes y cortantes
– El uso de agujas hipodérmicas y jeringas
debe ser limitado. Sólo deben usarse las
unidades ya montadas.
– Nunca se debe volver a poner la capucha
a las agujas y éstas no deben ser torcidas
ni separadas de la jeringa.
– Las agujas y jeringas usadas, así como
los bisturíes, deben ser desechados sólo
en contenedores especiales diseñados
para este propósito.
4. BARRERAS PRIMARIAS
Tal y como su nombre indica, las llamadas
barreras primarias son la primera línea de defensa
cuando se manipulan materiales biológicos que
puedan contener agentes patógenos. El concepto de
barrera primaria podría asimilarse a la imagen de una
“burbuja” protectora que resulta del encerramiento del
material considerado como foco de contaminación. El
ejemplo más claro de contención primaria lo
constituyen las cabinas de seguridad biológica.
Cuando no es posible el aislamiento del foco
de contaminación, la actuación va encaminada a la
protección del trabajador mediante el empleo de
prendas de protección personal. En la mayoría de las
ocasiones se practica la combinación de ambos tipos
de medidas, tal como puede ser el empleo de la
cabina junto con guantes y mascarilla. Todo ello sin
olvidar que la máxima contención del riesgo biológico
sólo se da cuando, además, se emplean las técnicas
de trabajo correctas unidas a un diseño del
laboratorio acorde con el nivel de riesgo.
4.1. Equipos o prendas de protección personal
Constituyen otro de los componentes de las
llamadas barreras primarias. En el RD 773/97 sobre
disposiciones mínimas de seguridad y salud relativas
a la utilización por los trabajadores de equipos de
protección individual se define el equipo de protección
individual o EPI como cualquier equipo destinado a
ser llevado o sujetado por el trabajador para que le
proteja de uno o varios riesgos que puedan amenazar
su seguridad o su salud, así como cualquier
complemento o accesorio destinado a tal fin.
También establece una serie de
obligaciones generales del empresario, entre las que
se pueden destacar la de determinar los puestos de
trabajo en los que deba recurrirse a la protección
individual, proporcionar gratuitamente a los
trabajadores los equipos de protección individual que
deban utilizar, velar por su correcta utilización, así
como reponerlos cuando resulte necesario y asegurar
su mantenimiento. Por su parte, los trabajadores
están obligados a utilizar y cuidar correctamente los
equipos de protección individual, a colocarlos
después de su utilización en el lugar indicado para
ello y a informar de inmediato a su superior jerárquico
de cualquier defecto, anomalía o daño apreciado en
el equipo.
Siguiendo la nomenclatura empleada en este
mismo RD, nos centraremos en los equipos de
protección individual que pueden ser necesarios, en
algún momento, en un Laboratorio de Microbiología
Clínica: los protectores de los ojos y de la cara (gafas
de seguridad, pantallas faciales), los protectores de
las vías respiratorias (mascarillas, máscaras), los
protectores de manos y brazos (guantes, manguitos),
los protectores de la totalidad del cuerpo (batas) y los
protectores del oído (tapones, cascos).
Es infrecuente que en este ámbito laboral se
precise algún tipo de calzado de seguridad, pero sí es
necesario conocer que deben evitarse los modelos
que no cubran por completo al pie y, además, que
esta prenda es una fuente importante de arrastre de
contaminación.
Consideraciones generales en torno a los EPI
a) Actualmente existen equipos que ofrecen
un altísimo grado de protección, pero eso no significa
que el EPI sea un substituto de una buena práctica de
trabajo; b) la utilización de un equipo equivocado
creará un riesgo adicional al operario al inspirar en
éste un falso sentido de seguridad; c) el EPI se
seleccionará en función del máximo nivel de riesgo
que se espera encontrar al desarrollar la actividad; d)
la prenda ha de ser de una talla/tamaño adecuada a
la del usuario; e) cualquier EPI exige una limpieza y
un mantenimiento adecuados: f) sólo pueden
emplearse equipos que lleven la marca de
conformidad “CE”.
Protección de los ojos y de la cara. Las lentillas no
proporcionan protección alguna a los ojos, por lo que
no se recomienda su utilización durante el trabajo en
el Laboratorio de Microbiología. En el caso de que
una persona necesitara llevarlas por prescripción
facultativa, y no simplemente como corrección de la
visión, estaría obligada a llevar también, siempre que
estuviera expuesta a un riesgo biológico y/o químico,
unas gafas de seguridad.
Existen también las denominadas pantallas
faciales, que ofrecen protección frente a impactos y
salpicaduras. Son elementos indispensables para
protegerse frente a radiaciones, como es el caso de la
luz ultravioleta.
Protección de las manos y los brazos. Los
guantes son quizás las prendas más empleadas,
aunque no siempre se siguen correctamente las
normas elementales de uso: a) las manos han de
lavarse obligatoriamente al quitarse los guantes; b) el
uso de los guantes debe quedar restringido para las
operaciones frente a las que es necesario protegerse,
de manera que es inadmisible, por ejemplo, abrir
puertas con los guantes puestos, manejar volantes,
coger el teléfono; c) cualquier tipo de guante no
protege frente a cualquier producto químico, lo que
significa que es preciso escoger el modelo según el
riesgo al que se está expuesto.
Los guantes tienen un amplio uso en el
laboratorio pues, además de contra riesgos biológicos
y químicos, también se emplean como protección
frente a riesgos físicos, como el calor o el frío en
determinadas manipulaciones.
Para la protección de brazos existen los
manguitos, que resultan interesantes, sobre todo,
cuando la ropa que lleva el operario no es de manga
larga.
Protección respiratoria. Las mascarillas en general
tienen utilidad en el Laboratorio de Microbiología
especialmente para protección frente a polvo
(partículas), aerosoles y gases y vapores químicos.
Las conocidas mascarillas tipo “cirujano” no ofrecen
protección alguna.
La máscara, ya sea media máscara o
máscara facial, puede resultar útil en caso de
protección frente vertidos accidentales de
consideración. Los diferentes filtros que se pueden
acoplar hay que desecharlos como material
contaminado.
El vestuario como equipo de protección. En
principio es imprescindible hacer una clara distinción
entre la ropa que es parte de un uniforme y las
prendas del vestuario que actúan como elementos de
protección individual. Además, existen una serie de
recomendaciones generales, como son: a) no es
aconsejable que el personal del Laboratorio de
Microbiología que está en contacto con materiales
contaminados emplee su ropa de calle; b) la ropa del
laboratorio no debe ser nunca lavada fuera del
Hospital; c) el usuario debe llevar la prenda de
manera que se beneficie de su utilización pero que no
resulte un elemento peligroso que arrastre
contaminación fuera del laboratorio; d) el vestuario
que sirve como protección personal no debe salir
nunca del lugar de uso (a la biblioteca, a la cafetería,
a la calle); e) en el ambiente de trabajo no se debe
llevar ropa de calle que aumente la superficie corporal
expuesta (pantalones cortos, sandalias).
Como parte del vestuario de protección se
incluyen las batas (que se prefieren abrochadas a la
espalda y con los puños elásticos) y los delantales. A
veces, también resultan útiles los cubrezapatos.
Protección auditiva. Es la menos considerada en el
ambiente de un Laboratorio de Microbiología, siendo
habitual que el personal acepte como “normal” un
nivel de ruido, procedente de aparatos y/o
determinadas operaciones, por encima de los límites
tolerables. Una reducción importante de estos niveles
se consigue con un buen mantenimiento de los
equipos.
4.2. Cabinas de Seguridad Biológica (CSB)
Son cámaras de circulación forzada que,
según sus especificaciones y diseño, proporcionan
diferentes niveles de protección. Son fundamentales
en un Laboratorio de Microbiología Clínica y se
clasifican según el nivel y tipo de protección.
En principio es necesario distinguir entre las
campanas de extracción de gases, las cabinas de
flujo laminar y las cabinas de Seguridad Biológica.
La campana de gases (o vitrina extractora de
gases) es un recinto ventilado que captura los humos
y vapores procedentes de la manipulación de los
productos químicos en el laboratorio. Si bien
constituye un equipo muy útil en la contención del
riesgo químico, no ofrece protección alguna frente a
riesgos biológicos.
Las cabinas de flujo laminar son recintos
que emplean un ventilador para forzar el paso del aire
a través de un filtro HEPA (acrónimo del término
anglosajón High Efficiency Particulate Air) barriendo
la superficie de trabajo. El flujo de aire puede ser
vertical u horizontal. Estas cabinas ofrecen protección
únicamente al material que se maneja en su interior,
pero nunca al operador, por lo que no son
recomendables para el trabajo en un Laboratorio de
Microbiología Clínica. Son, sin embargo, un
instrumento de trabajo imprescindible en las
denominadas “zonas limpias”.
Las cabinas de Seguridad Biológica son
recintos ventilados diseñados para limitar al máximo
el riesgo del personal de laboratorio expuesto a
agentes infecciosos. Ello es especialmente importante
si se tiene en cuenta que muchas de las operaciones
realizadas en un laboratorio implican la formación de
aerosoles. Estos equipos tienen como objetivo
principal proporcionar una zona de trabajo que
minimice la probabilidad que una partícula
transportada por el aire tiene de escapar hacia el
exterior de la cabina y contaminar así al operario y a
la zona que le rodea. Además, algunas de ellas,
ofrecen protección al material que se manipula.
Cuando una CSB es utilizada por personal
debidamente formado y consciente de las limitaciones
de ésta, se convierte en un equipo de contención muy
efectivo para reducir el posible escape de
contaminación biológica. Sin embargo, es
conveniente tener muy en cuenta que una cabina no
es nunca un substituto de una técnica microbiológica
adecuada.
Las CSB disponen de dos sistemas que
impiden la salida de contaminación: las barreras de
aire y los filtros. Las barreras de aire se crean
permitiendo que éste fluya en una sola dirección y a
una velocidad constante dando lugar a una verdadera
“cortina” de aire que se conoce como flujo de aire
laminar. Es, por definición, un flujo con ausencia de
turbulencias. Los filtros tienen como finalidad atrapar
las partículas contenidas en este flujo de aire y los
empleados habitualmente son los HEPA, que retienen
con una eficacia del 99,97% partículas de hasta 0,3
micras de diámetro.
Las CSB se dividen en tres categorías: clase
I, clase II y clase III.
Cabinas de clase I. Son cámaras cerradas
con una abertura al frente para permitir el acceso de
los brazos del operador. El aire penetra por este
frontal, atraviesa la zona de trabajo y todo él sale al
exterior a través de un filtro HEPA. La velocidad del
flujo de aire es de unos 0,40 m/s (75 pies/m). Son
apropiadas para manipular agentes biológicos de los
grupos 1, 2 ó 3. La mayor desventaja que presentan
es que no proporcionan protección al material con el
que se trabaja, no evitando por lo tanto que éste se
pueda contaminar.
Cabinas de clase II. Se diferencian
principalmente de las de clase I en que, además de al
operario y su entorno, ofrecen protección al producto
frente a la contaminación. La superficie de trabajo
está bañada por aire limpio que ha atravesado un
filtro HEPA. La salida del aire se produce a través de
otro filtro HEPA. Son equipos válidos para el manejo
de agentes biológicos de los grupos 1, 2 ó 3. Existen
varios tipos de cabinas de clase II, A, B1, B2 y B3,
según sus características de construcción, flujo de
aire y sistema de extracción.
Una primera diferencia entre tipo A y tipo B es
que las de clase II tipo A están diseñadas para que el
aire extraído desemboque en el mismo laboratorio o
fuera de éste vía una conexión de tipo canopy y las
de tipo B deben disponer de un conducto hermético
de salida, exclusivo para ellas, con un extractor y un
sistema de alarma apropiado. Las IIA y las IIB3
mantienen ambas una velocidad de 0,40-0,50 m/s
(75-100 p/m) y en ambas también se recircula un 70%
del aire. Cuando la IIB3 se conecta al exterior
mediante conducto hermético, entonces se puede
emplear para manipulaciones que impliquen muy
pequeñas cantidades de productos tóxicos y
radionucleidos.
Las restantes cabinas del tipo B, es decir IIB1
y IIB2, se diferencian principalmente en la velocidad
del flujo y la proporción de aire que se recircula. En
estos dos tipos, la velocidad mínima es de 0,50 m/s
(100 p/m), siendo la cantidad recirculada del 30-50%
en las de clase II tipo B1 y del 0% en las de tipo B2.
Tanto unas como otras son adecuadas para el trabajo
con pequeñas cantidades de tóxicos y radionucleidos.
Cabinas de clase III. Constituyen el máximo
nivel de seguridad. Son recintos herméticos en
presión negativa y, por ello, su interior está
completamente aislado del entorno. Se opera en ellas
por medio de unos guantes, con trampa para
introducir el producto, el aire entra a través de un filtro
HEPA y se expulsa al exterior a través de dos filtros
HEPA. Se recomiendan para el manejo de agentes de
los grupos 1, 2, 3 ó 4.
Hasta el momento, no existe en España
ninguna legislación relativa a los requisitos que deben
cumplir las cabinas de seguridad biológica, aunque en
breve aparecerá una directiva comunitaria en este
sentido. La práctica más habitual consiste en exigir de
los proveedores correspondientes la declaración de
conformidad, bien con la norma británica BS 3928 o
con la estadounidense NSF 49. La redacción que está
efectuando el comité de expertos seleccionado por la
UE se basa principalmente en tres normas europeas
que no difieren mucho entre sí, la citada norma
británica más otras similares alemana y francesa.
CSB. Recomendaciones generales
Instalación de la cabina:
1. Debe situarse lo más lejos posible de las rejillas
de aire acondicionado, campanas de gases,
puertas y zonas de mucho tráfico de personas,
que claramente interfieren en el flujo laminar.
2. Las ventanas del laboratorio han de permanecer
siempre cerradas.
3. Debe existir al menos 0,3 m entre la salida de aire
de la cabina y el techo del laboratorio.
4. Se instalará sobre una superficie sólida y nunca
móvil. Si es posible, en un recinto cerrado o en
una zona de acceso restringido.
Al iniciar el trabajo:
1. Poner en marcha la cabina durante 5-10 minutos,
a fin de purgar los filtros y “lavar” la zona
protegida.
2. Comprobar que el manómetro situado en la parte
superior del frontal se estabiliza e indica la
presión adecuada (varía con el modelo de
cabina).
3. Apagar la luz ultravioleta (si estuviera encendida)
y encender la luz fluorescente.
4. Limpiar la superficie de trabajo con un producto
adecuado (por ejemplo, alcohol etílico al 70%).
5. Antes y después de haber trabajado en una
cabina deberían lavarse con cuidado manos y
brazos, prestando especial atención a las uñas
6. Se aconseja emplear batas de manga larga con
bocamangas ajustadas y guantes de látex. Esta
práctica minimiza el desplazamiento de la flora
bacteriana de la piel hacia el interior del área de
trabajo, a la vez que protege las manos y brazos
del operario de toda contaminación
7. En determinados casos, además es
recomendable el empleo de mascarilla.
Durante la manipulación:
1. Todo el material a utilizar (y nada más) se sitúa
en la zona de trabajo antes de empezar. De esta
forma se evita tener que estar continuamente
metiendo y sacando material durante el tiempo de
operación.
2. Es aconsejable haber descontaminado el exterior
del material que se ha introducido en la cabina.
3. Este material se coloca con un orden lógico, de
manera que el material contaminado se sitúa en
un extremo de la superficie de trabajo y el no
contaminado ocupa el extremo opuesto de la
misma.
4. Según el tipo de manipulación y el modelo de la
cabina, la zona de máxima seguridad dentro de la
superficie de trabajo varía. En general, se
recomienda trabajar a unos 5-10 cm por encima
de la superficie y alejado de los bordes de la
misma. Especial atención se prestará a no
obstruir las rejillas del aire con materiales o
residuos.
5. Una vez que el trabajo haya comenzado y sea
imprescindible la introducción de nuevo material,
se recomienda esperar 2-3 minutos antes de
reiniciar la tarea. Así se permite la estabilización
del flujo de aire. Es conveniente recordar que
cuanto más material se introduzca en la cabina, la
probabilidad de provocar turbulencias de aire se
incrementa.
6. Mantener al mínimo la actividad del laboratorio en
el que se localiza la cabina en uso, a fin de evitar
corrientes de aire que perturben el flujo. El flujo
laminar se ve fácilmente alterado por las
corrientes de aire ambientales provenientes de
puertas o ventanas abiertas, movimientos de
personas, sistema de ventilación del laboratorio…
7. Evitar los movimientos bruscos dentro de la
cabina. El movimiento de los brazos y manos será
lento, para así impedir la formación de corrientes
de aire que alteren el flujo laminar.
8. Al igual que en el resto del laboratorio, no debe
utilizarse el mechero Bunsen, cuya llama crea
turbulencias en el flujo y además puede dañar el
filtro HEPA.
9. Cuando deban emplearse asas de platino es
aconsejable el incinerador eléctrico o, mejor aún,
asas desechables.
10. Si se produce un vertido accidental de material
biológico se recogerá inmediatamente,
descontaminado la superficie de trabajo y todo el
material que en ese momento exista dentro de la
cabina.
11. No se utilizará nunca una cabina cuando esté
sonando alguna de sus alarmas.
Al finalizar el trabajo:
1. Limpiar el exterior de todo el material que se haya
contaminado.
2. Vaciar la cabina por completo de cualquier
material.
3. Limpiar y descontaminar con alcohol etílico al
70% o producto similar la superficie de trabajo.
4. Dejar en marcha la cabina durante al menos 15
minutos.
5. Conectar si fuera necesario la luz ultravioleta
(UV). Conviene saber que la luz UV tiene poco
poder de penetración por lo que su capacidad
descontaminante es muy limitada.
Limpieza y desinfección de la CSB
1. Se llevará a cabo una desinfección completa en
las siguientes situaciones: a) en caso de que se
haya producido un vertido importante; b) antes de
cualquier reparación; c) antes de iniciarse los
chequeos periódicos; d) siempre que se cambie
el programa de trabajo; e) cuando se substituyan
los filtros HEPA y f) al cambiarla de lugar (incluso
dentro del mismo laboratorio).
2. Se realizará con vapores de formaldehído y
siempre por personal debidamente entrenado y
con las prendas de protección personal
adecuadas.
3. Por otro lado, debe tenerse en cuenta que una
buena limpieza de la zona de trabajo es una
garantía de ausencia de polvo y otros
contaminantes. La limpieza tiene por objeto
eliminar la suciedad que se halla adherida a las
superficies y que sirve de soporte a los
microorganismos. Al limpiar se elimina también la
materia orgánica, contribuyendo de forma
decisiva a la eficacia de la posterior
descontaminación.
4. Es conveniente una vez a la semana levantar la
superficie de trabajo y limpiar y descontaminar
por debajo de ella.
5. Nunca se debe utilizar la cabina como almacén
transitorio de equipo o material de laboratorio.
Esta mala práctica conduce a una acumulación
de polvo totalmente innecesaria.
6. Evitar introducir en la cabina materiales que
emitan partículas fácilmente como algodón,
papel, madera, cartón, lápices…
Mantenimiento de la CSB
1. Semanalmente se limpiará la superficie de trabajo
y el resto del interior de la cabina.
2. Semanalmente se pondrá en marcha a fin de
comprobar la medida que da el manómetro.
3. Mensualmente, con un paño mojado, se limpiarán
todas las superficies exteriores con objeto de
eliminar el polvo acumulado.
4. Mensualmente se revisará el estado de las
válvulas interiores con que vaya equipada.
5. Anualmente se certificará por una entidad
cualificada.
Usos de la CSB en el Laboratorio de Microbiología
1- Control de aerosoles infecciosos. Se generan
en el procesamiento de muestras o cultivos como:
a.- Manipulación de microorganismos del
grupo de riesgo 3.
b.- Machacamiento de tejidos.
c.- Descontaminación de muestras para
cultivo de Micobacterias.
d.- Procedimientos de identificación de
hongos.
e.- Utilización del Vortex para mezclar
muestras con microorganismos del grupo de
riesgo 3.
f.- Decantación de líquidos en muestras con
microorganismos del grupo de riesgo 3.
2- Protección de muestras o materiales de la
contaminación externa:
a.- Procesamiento de líquidos orgánicos
estériles con microorganismos del grupo de
riesgo 3.
b.- Cultivos celulares.
c.- Preparación de soluciones de medios y
reactivos que deban ser estériles.
5. BARRERAS SECUNDARIAS
El diseño y construcción de un laboratorio (lo
que en Seguridad Biológica se conoce como
“barreras secundarias”) contribuye a la protección del
propio personal del laboratorio, proporciona una
barrera para proteger a las personas que se localizan
fuera del laboratorio (es decir, aquéllas que no están
en contacto con los materiales biológicos como, por
ejemplo, personal administrativo del laboratorio,
enfermos y visitantes del Hospital) y protege a las
personas de la comunidad frente a posibles escapes
accidentales de agentes infecciosos.
Las exigencias de cada nivel de contención
se han enumerado ya, siguiendo al RD 664/97,
pasando ahora a comentar con más detalle algunas
de ellas, junto con otras consideraciones que, si bien
no son obligatorias por ley, sí deberían ser tenidas en
cuenta a la hora de la evaluación del riesgo.
1. Localización. Es aconsejable que el Laboratorio
de Microbiología Clínica se localice fuera del
tráfico del Hospital y que no sea un lugar de paso
para otras dependencias en las que no exista
restricción para su acceso (cafeterías, almacenes,
bibliotecas, aparcamientos).
2. Acceso de personal. En general, debe ser
restringido a las personas formadas para el
manejo de agentes infecciosos. Para un nivel 2
de contención es suficiente que la puerta del
laboratorio pueda cerrarse con llave, mientras
que para el nivel 3 la puerta ha de ser doble
además de recomendarse un cambio de ropa.
3. Lavabo. Debe existir uno en el mismo laboratorio.
Estará dotado de grifos que puedan accionarse
sin utilizar las manos y situado preferiblemente
cerca de la puerta de salida.
4. Lavaojos. Se recomienda que exista uno dentro
del laboratorio como equipo de emergencia.
5. Superficies interiores. Los suelos, paredes y
techos deben ser impermeables al agua y
resistentes a diferentes productos químicos, de
forma que permitan una limpieza a fondo y una
posterior descontaminación. En el nivel 3 de
contención, además, todas las penetraciones
deben ir selladas.
6. Superficies de trabajo. Las mesas y bancos de
trabajo deben ser resistentes al calor moderado,
a disolventes orgánicos, ácidos y álcalis.
7. Señalización. Siempre que el trabajo esté en
marcha, debe colocarse en la puerta del
laboratorio la señal reglamentaria de peligro
biológico.
8. Presión negativa. Se recomienda que el
laboratorio se mantenga a una presión negativa
con respecto al exterior del mismo, es decir, con
respecto a los pasillos u otras zonas del edificio,
de manera que exista un flujo de aire desde las
zonas menos contaminadas hacia las de mayor
riesgo de contaminación. Las puertas y ventanas
del laboratorio han de permanecer cerradas si se
quiere mantener esa presión negativa. No es
aconsejable la recirculación de aire.
9. Filtros HEPA. No existe legislación en España en
cuanto a sistema y frecuencia para su
comprobación pero, siguiendo directrices de otros
países, parece aconsejable hacerla cada 6 meses
o, al menos, no dejar pasar más de 14 meses.
Deberá realizarla siempre una empresa
especializada.
10. Residuos. Además de la normativa general que
el Hospital establezca, en función de la
legislación vigente, en materia de residuos
biosanitarios, en un nivel 3 se recomienda que en
el mismo laboratorio (o dentro de la instalación)
exista algún sistema (por ejemplo, esterilización
por autoclave) para el tratamiento de los residuos
producidos. De no ser así, el transporte de estos
residuos ha de realizarse en envases sellados
(ver más adelante el apartado específico).
11. Nivel 4 de contención. Las características de
diseño enumeradas se hacen obligatorias en el
caso del nivel 4 de contención, además de otras,
como el empleo de cabinas de clase III (o equipo
de protección similar para los operarios), filtro
HEPA a la entrada del aire, doble filtro HEPA a la
salida del aire, etc.
6. NORMAS DE UTILIZACIÓN DE EQUIPOS
6.1. Normas generales
• Los equipos y aparatos nunca deben colocarse
en zonas de paso, en particular en los pasillos
del laboratorio.
• Todos los aparatos con toma eléctrica deberán
cumplir las normativas de seguridad
correspondientes. Nunca deben utilizarse en
zonas mal aisladas y expuestas a la humedad.
• Las fuentes de calor (calentadores,
termobloques, etc.), sobre todo si se alcanzan
temperaturas elevadas, deberán estar
debidamente señalizadas para evitar
quemaduras accidentales.
• Todos los procedimientos de utilización de
aparatos deberían contar obligatoriamente con
apartados relativos a su utilización segura.
6.2. Neveras y habitaciones frigoríficas
Un adecuado mantenimiento, limpieza y
desinfección sistemáticos de los aparatos reduce
considerablemente los riesgos asociados a su
utilización. Sin embargo, aun en estas condiciones,
hay que tener en cuenta lo siguiente:
• No deben almacenarse cultivos de
microorganismos patógenos por inhalación en
recipientes que no estén convenientemente
cerrados, especialmente si la cámara tiene un
sistema de circulación de aire.
• No deben almacenarse reactivos que contengan
compuestos volátiles inflamables (éter etílico, por
ejemplo) en neveras que no posean un sistema
de protección antideflagración. En los aparatos
de tipo doméstico que se utilizan en el laboratorio
debe anularse la lámpara de la luz.
6.3. Congeladores
La congelación es un proceso que mantiene la
viabilidad de muchos agentes infecciosos, de ahí un
potencial riesgo y las siguientes recomendaciones:
• Tratar de identificar en ficheros, listas, etc. el
contenido de lo almacenado y sus riesgos
potenciales.
• El material potencialmente infeccioso debe
colocarse en tubos, recipientes, etc. bien
cerrados. No se llenarán completamente, para
evitar que rebosen por efecto del aumento de
volumen tras la congelación.
• Descongelar periódicamente, limpiar y
desinfectar si fuese procedente.
• Utilizar guantes para manipular el contenido. Si la
temperatura es baja (por ejemplo –70ºC o
inferior), los guantes representan una protección
adicional.
6.4. Estufas e incubadores
La limpieza y la desinfección, periódicas y
sistemáticas, son el método recomendable para
reducir los riesgos derivados de la contaminación
accidental del personal del laboratorio.
6.5. Microondas
Los microondas cada vez son más populares
en el Laboratorio de Microbiología y constituyen
una nueva fuente de accidentes, entre los más
frecuentes las explosiones cuando se usan para
calentar medios con agar, ya que la diferencia de
velocidad de calentamiento produce burbujas que
pueden estallar.
• Las botellas o matraces deben tener el tapón
aflojado, ya que si está cerrado estallan
fácilmente.
• Estar siempre presente, con la ropa y pantalla
facial adecuadas, y controlar la intensidad del
aparato, que sólo puede ser la máxima con agua
y la mínima si se usa con agar.
• Deberá existir una tabla bien visible de los
tiempos en cada posición del potenciómetro y de
las cantidades a emplear.
• Los microondas interfieren con los marcapasos.
No deben ser colocados a una distancia inferior a
2 m de las personas que sean portadoras de uno
de estos dispositivos.
6.6. Autoclaves
Los autoclaves deben poseer manómetro y
termostato, así como válvula de seguridad, sistema
de desconexión rápido y la purga del vapor ha de
realizarse a un recipiente estanco y con agua, jamás
directamente al exterior.
• No deben usarse si no se conocen perfectamente
todos los mandos y su fundamento.
• Usar guantes especiales para protegerse del
calor.
• No abrir jamás si el manómetro no está a “0” y la
purga no ha sido abierta.
• Controlar una vez al mes su capacidad de
desinfección mediante esporas, no siendo
suficiente el método químico. El uso de registros
de presión y temperatura de cada proceso y la
instauración de un programa de mantenimiento
también puede ser una alternativa válida al
control mediante esporas. El agua debe ser
cambiada regularmente.
6.7. Centrífugas
Los mayores riesgos derivan, sobre todo, de
la contaminación por los aerosoles generados durante
la centrifugación de materiales biológicos y, en menor
medida, de los traumatismos accidentales. Se
recomienda:
• Cuando se centrifugue material biológico
potencialmente infeccioso deben utilizarse tubos
cerrados; la centrífuga debe disponer de rotores
o cestillos de seguridad que protejan al operador
de los posibles aerosoles.
• La rotura accidental de un tubo y su vertido en la
cubeta representa una incidencia importante que
debe ser comunicada inmediatamente al
Supervisor o responsable, de forma que se
proceda a la desinfección segura del aparato.
• No se deben utilizar centrífugas antiguas que no
posean sistema de cierre de seguridad, del que
disponen todos los aparatos actuales, ni
manipular éstas de forma que permitan su
apertura mientras están en funcionamiento.
• Si el laboratorio dispone de ultracentrífugas, el
equilibrado cuidadoso del rotor es fundamental.
6.8. Miscelánea
• Las bombas de vacío y los aspiradores deberán
contar con las correspondientes trampas y filtros.
• Los baños de agua (“baños maría”) deberán
contener un desinfectante adecuado, ser
limpiados una vez a la semana y desinfectados
con periodicidad mensual.
• En la zona de trabajo no debe colocarse
directamente material de escritorio ni libros, ya
que el papel contaminado es de difícil
esterilización o desinfección.
7. NORMAS DE PROTECCIÓN FRENTE A
PRODUCTOS QUÍMICOS
Los trabajadores del Laboratorio de
Microbiología Clínica están expuestos a una serie de
riesgos como consecuencia de la presencia de
agentes químicos en su labor diaria.
Estos riesgos pueden afectar a su seguridad
al producirse accidentes durante la manipulación,
trasvase o almacenamiento de ciertos productos
químicos.
Una forma de identificar el riesgo de una
sustancia o preparado químico en origen es la
etiqueta, donde el fabricante o proveedor, de acuerdo
con la legislación existente, debe identificar las
sustancias peligrosas que lo componen e informar de
los riesgos (frases R) y los consejos de prudencia
(frases S). Además, junto con el producto, debe
adjuntarse la ficha de datos de seguridad en la que
se amplía la información y se detallan los riesgos en
cuanto a su utilización y las medidas de seguridad a
adoptar.
La exposición a los compuestos químicos
puede producir efectos agudos o crónicos y la
aparición de enfermedades. Estos efectos son función
directa de la toxicidad del agente químico, la dosis
absorbida y la vía de entrada al organismo: por
inhalación (vía principal), dérmica (a través de las
mucosas o piel intacta), digestiva o percutánea.
7.1. Evaluación de riesgos e identificación de
productos químicos peligrosos
Para controlar la exposición a agentes
químicos, el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene
en el Trabajo (I.N.S.H.T.) ha establecido valores límite
ambientales de exposición diaria (VLA), referidos a
jornadas de 8 horas (VLA-ED), o de corta duración,
referidos a exposiciones de 15 minutos (VLA-EC) por,
como límites de exposición profesional a la que la
mayoría de los trabajadores pueden estar expuestos
día tras día, durante toda su vida laboral, sin sufrir
efectos adversos para su salud.
Estas mediciones ambientales deben ser
realizadas por personal cualificado.
Un pequeño porcentaje de trabajadores con
problemas médicos o físicos preexistentes (EPOC,
enfermedad hepática crónica, sensibilizaciones,
embarazo, etc.) pueden no estar protegidos
adecuadamente de los efectos adversos para su
salud con estos valores límite, siendo el médico de
Medicina Preventiva el que debe evaluar la protección
adicional que requieren estos trabajadores.
7.1.1. Agentes desinfectantes
Hipoclorito sódico
Los desinfectantes que contienen hipoclorito
sódico (lejía de uso doméstico) son potentes agentes
oxidantes que liberan Cl2 (gas cloro). La exposición al
cloro produce irritación de mucosas y del tracto
respiratorio superior. El VLA-EC para el cloro es 1
p.p.m. Las salpicaduras en los ojos pueden provocar
daños permanentes (irreversibles) y el contacto de la
lejía con la piel produce irritaciones.
En las áreas en las que se manipulen estos
productos deberá existir una adecuada ventilación y
deben usarse guantes resistentes, protectores
oculares y ropa adecuada (batas).
Yodo
La excesiva exposición a soluciones que
contienen yodo (VLA-EC 0,1 p.p.m) puede provocar
irritación de mucosas y ojos o dificultades
respiratorias. De nuevo, el uso de protectores
personales tales como gafas protectoras, máscaras y
guantes resistentes es muy recomendable.
Compuestos de amonio cuaternario
Incorporados a múltiples soluciones
desinfectantes, son generalmente menos cáusticos
(lesivos) que muchos otros desinfectantes. Aún así se
debe tener cuidado con su manipulación ya que es
conocida su capacidad para irritar la piel y producir
alergias.
Formaldehído y glutaraldehído
Son compuestos altamente tóxicos (VLA -
EC 0,3 p.p.m. para el formaldehído y VLA-EC
0,05 p.p.m. para el glutaraldehído). El formaldehído
puede estar presente en laboratorio en forma
gaseosa, líquida (solución de formalina) o sólida
(paraformaldehído).
Se sospecha que son agentes carcinogénicos
en humanos y es conocido su poder para generar
irritaciones oculares y del tracto respiratorio por
exposición aguda y dermatitis y alergias en la piel y
tracto respiratorio tras exposiciones crónicas. Ambos
compuestos deben ser manipulados sólo en campana
de gases y con protectores de ojos impermeables.
7.1.2. Disolventes
Una amplia variedad de disolventes se usa en
el Laboratorio de Microbiología y aunque
generalmente sólo se hace en pequeñas cantidades,
es prudente manipular estos compuestos con
precaución por sus efectos adversos para la salud.
Los disolventes son fácilmente absorbibles a
través de la piel y los pulmones y pueden causar
irritación de estos órganos. La exposición crónica
puede causar daños en el sistema nervioso central y
en el hígado. Deben usarse guantes y gafas
resistentes cuando se manipulen estos compuestos.
7.1.3. Colorantes y reactivos
Son utilizados habitualmente en el
Laboratorio de Microbiología, aunque en cantidades
muy pequeñas. No obstante, se deben tomar
precauciones para evitar la exposición a éstos.
Algunos colorantes como los derivados del benceno,
acridina, y generalmente aquellos que se unen al
ADN, son carcinogénicos. Los más conocidos son la
auramina, la rodamina y el naranja de acridina. El
bromuro de etidio es un poderoso mutágeno de efecto
acumulativo utilizado en técnicas de biología
molecular. Debe evitarse estrictamente el contacto
con estas substancias utilizando guantes, etc.
7.1.4. Gases comprimidos
Los cilindros deben estar situados en un lugar
adecuado y ser transportados en carros. Hay que
asegurarse de que permanezcan lejos de llamas y
superficies calientes.
Para evitar potenciales explosiones deben
utilizarse los reguladores adecuados. Antes de ser
usados, el contenido debe ser comprobado
interpretando cuidadosamente la etiqueta.
7.1.5. Nitrógeno líquido
El nitrógeno es, químicamente, un gas muy
estable e inerte y no está considerado peligroso. Sin
embargo, en su forma líquida, el N2 tiene varios
peligros: a) quemaduras por congelación, b) riesgo de
asfixia por desplazamiento del oxígeno y c)
posibilidad de rotura de los contenedores por exceso
de temperatura. De todos ellos, el peligro más real en
el Laboratorio de Microbiología lo representan las
quemaduras por frío.
El N2 licuado tiene un punto de ebullición de –
196ºC y la fase de vapor de los contenedores suele
estar a una temperatura inferior a –180ºC. La
exposición de la piel y mucosas puede provocar
lesiones graves, similares a las quemaduras, por lo
que debemos manipular este producto
adecuadamente. Las normas básicas de protección
son:
• No se manipulará nunca el N2 líquido con partes
del cuerpo descubiertas. Se deberá utilizar
siempre un equipo de protección personal.
• La ropa debe estar limpia y seca, y no estar
ceñida al cuerpo, sino holgada.
• Los brazos y manos deben estar cubiertos por
guantes aislantes, de un material que no se
resquebraje por acción de la temperatura.
• Las piernas han de estar protegidas. Hay que
usar un calzado cerrado, en buen estado, con
suelas gruesas.
• Se utilizará un protector facial; las gafas se
consideran una protección incompleta.
• Si se produce la exposición accidental, nunca
debe aplicarse agua caliente o calor directo sobre
la zona expuesta; es mejor llevar al accidentado
a una habitación caldeada y aplicar agua tibia. Si
la exposición es grave, puede requerir
tratamiento médico especializado.
La falta de oxígeno, desplazado por los gases
criogénicos, como el N2 líquido, es un peligro
recalcado por todas las normativas de seguridad y
que generalmente se menosprecia. Un litro de este
líquido puede generar casi 700 de gas. Una
atmósfera con un contenido de oxígeno inferior al
15% puede producir asfixia. En consecuencia, los
recipientes y contenedores de N2 líquido deben estar
siempre colocados en una zona bien ventilada.
Por último, aunque el N2 no es inflamable ni
explosivo, la exposición de los contenedores y
recipientes al calor directo puede originar una
sobrepresión que rompa bruscamente las paredes,
con el consiguiente riesgo de vertido accidental y
salpicaduras. En consecuencia, los recipientes deben
estar lejos de cualquier fuente de calor y nunca debe
colocarse objetos pesados encima de las tapas de
estos recipientes.
7.2. Almacenamiento de compuestos químicos
peligrosos
La primera actuación para el correcto
almacenamiento de los compuestos químicos será la
separación entre familias de productos incompatibles.
Se separarán ácidos de bases, oxidantes de
inflamables, venenos activos, substancias
cancerígenas, peroxidables, etc. Los envases más
pesados se colocarán en las baldas o estantes
inferiores, así como los ácidos y bases fuertes, de
manera que las substancias más agresivas ocupen
los lugares a más bajo nivel.
Los productos peroxidables (éter etílico, éter
isopropílico, etc.) pueden provocar detonaciones al
contacto con el aire o incluso por choque o fricción.
Por ello, una vez abiertos no deben almacenarse más
de 6 meses, a no ser que contengan un inhibidor
eficaz. En el etiquetado deberá figurar la fecha de
recepción y la de apertura del envase.
Ciertos productos como los venenos activos,
productos cancerígenos y productos inflamables
requieren un almacenamiento especial en armarios
específicos convenientemente rotulados y bajo llave.
El control del stock debe ser riguroso y es
conveniente guardarlos en un doble recipiente para
evitar dispersiones o derrames.
Las sustancias inflamables que requieran
refrigeración deben almacenarse en armarios
frigoríficos especiales, no siendo recomendables los
de uso doméstico. En todos los casos, los armarios
frigoríficos se colocarán en lugares con buena
ventilación.
Los envases de todos los compuestos
químicos deberán estar claramente etiquetados con el
nombre químico y los riesgos que produce su
manipulación. Es obligación de todo el personal leer y
seguir estrictamente las instrucciones del fabricante.
8. SEGURIDAD FRENTE A AGENTES FÍSICOS Y
MALAS POSTURAS
8.1. Accidentes
Resbalones, caídas, lesiones de espalda,
cortes etc. La mayoría de las veces ocurren cuando
hay “masificación”, escasa limpieza, almacenamiento
inadecuado y/o pobre iluminación.
Las áreas masificadas deben ser rediseñadas
y hay que prestar especial atención a una limpieza
adecuada.
Los dolores de espalda, pueden ser
prevenidos (evitados) enseñando a los trabajadores
métodos correctos de elevación de cargas.
El uso de zapatos (calzado) cerrado y de
tacón bajo se recomienda para prevenir lesiones de
espalda y caídas. Todos los accidentes deben ser
investigados (aclarados) para evitar reincidencias y
mejorar las condiciones de trabajo.
8.2. Electricidad
Todo el equipo eléctrico en el Laboratorio de
Microbiología, debe mantenerse en buenas
condiciones de trabajo, con instrumentos anclados y
adecuadas salidas y circuitos eléctricos.
Los cables no deben pasar por debajo de
pilas u otras piezas de equipamiento (mejor no
visibles) y el uso de cables alargadores no es
recomendable.
La caja de circuitos debe estar correctamente
etiquetada (señalada), con un fácil acceso y un
correcto y continuo mantenimiento.
8.3. Ruidos
De acuerdo con el RD 1316/89 sobre
“Protección de los Trabajadores frente a los Riesgos
derivados de la Exposición al Ruido durante el
Trabajo”, en los puestos de trabajo en los que el nivel
diario equivalente supere los 60 decibelios, deberán
adoptarse las medidas establecidas.
La exposición a niveles de ruido por encima
de los 85 decibelios podría conducir a la pérdida de
audición, efectos adversos para la salud (presión
arterial alta), accidentes y disminución de la
capacidad para desarrollar el trabajo correctamente.
Es necesario, por tanto, que sean realizados todos los
esfuerzos para minimizar los niveles de ruido en el
Laboratorio.
Las ondas de alta frecuencia pueden ser
también dañinas y deben usarse protectores auditivos
cuando se utilizan aparatos como el sonicador.
Si el ambiente laboral parece ruidoso, y
particularmente si existe una gran dificultad para oír a
alguien hablar en un tono normal a una distancia de
un metro, los niveles de ruido deben ser
comprobados por un experto con el adecuado
medidor homologado.
8.4. Lesiones ergonómicas y por movimientos
repetitivos (malas posturas)
Se pueden producir lesiones en el Laboratorio
por un diseño inadecuado del lugar de trabajo, de los
complementos o de los asientos, que dan lugar a
malas posturas. Una altura y posición adecuadas de
las banquetas y las sillas es esencial a la hora de
reducir las lesiones de espalda.
Algunos movimientos repetitivos requieren la
flexión de muñeca, por ejemplo el pipeteado, que
pueden producir lesiones (Síndrome del túnel
carpiano).
Los Laboratorios de Microbiología utilizan
ordenadores con monitores y, aunque sus potenciales
efectos adversos para la salud no son bien conocidos,
parece que su uso excesivo puede conducir al estrés
físico y psíquico. Las pausas periódicas del uso de los
terminales pueden ser beneficiosas y es importante
que haya una buena luminosidad. En definitiva, deben
seguirse las recomendaciones fijadas en el RD
488/97 sobre “Disposiciones mínimas de Seguridad y
Salud relativas al Trabajo con Equipos que incluyen
Pantallas de Visualización”.
Se pueden conseguir grandes mejoras en el
aspecto de las malas posturas con simples cambios
en el lugar o en las prácticas de trabajo.
8.5. Estrés psicosocial
Las grandes cargas de trabajo pesado y
rutinario pueden generar estrés en los trabajadores.
Los síntomas asociados al estrés psicosocial son
depresión, ansiedad, insatisfacción laboral, así como
manifestaciones somáticas tales como acidez de
estómago, presión arterial alta, dolor de cabeza, etc.
El estrés psicosocial puede llevar en último
término a la adicción al alcohol y/o a las drogas.
La presencia de supervisores bien
adiestrados, un óptimo ambiente y entorno de trabajo
y la participación activa del trabajador pueden ayudar
a prevenir su desmotivación.
9. PLAN DE EMERGENCIAS DEL LABORATORIO
DE MICROBIOLOGÍA CLÍNICA
Los riesgos en el Laboratorio de Microbiología
se dividen en riesgos no biológicos, comunes a otros
laboratorios, y riesgos biológicos o específicos. Los
no biológicos pueden ser químicos, físicos, eléctricos
o fuego.
Entre los riesgos biológicos no se hace
referencia a las infecciones adquiridas en el
laboratorio, ya que la mayoría son un proceso que
pasa inadvertido. La exposición se centrará en la
actuación cuando se produce un accidente.
Lo más importante ante un accidente en el
laboratorio es tenerlo previsto, simular uno como
mínimo una vez al año, discutir las medidas a tomar y
sacar las conclusiones pertinentes; en definitiva no
dejar nada a la improvisación y disponer del material
necesario para actuar. Es recomendable contar con
Estaciones de Seguridad, del mismo modo que
existen los extintores.
El Supervisor de Seguridad llevará un registro
de accidentes, donde se anotarán todos lo detalles
del percance, así como las medidas practicadas, las
personas involucradas en el accidente y los
procedimientos de actuación.
Estaciones de Seguridad
Son unidades estratégicamente situadas en
las que debe encontrarse, a la vista y fácilmente
accesible (previa ruptura de su correspondiente
precinto), el material necesario para actuar
inmediatamente ante un accidente de laboratorio. Es
conveniente que se coloquen junto a la ducha de
emergencia y los extintores. Deberán contener:
– Botiquín de primeras curas.
– Manta apagafuegos.
– Equipo de vestir completo con guantes
resistentes, botas impermeables, gafas de
protección, gorros, mascarillas y cubretodos
impermeables ajustados en las muñecas.
– Papel absorbente y almohadillas
absorbentes.
– Pala, cepillo, pinzas.
– Bolsas de autoclave y específicas de tipo III
(Norma UNE 53-147-85 de 60 l como máximo
y galga 400 como mínimo).
– Material absorbente inerte específico para
productos químicos.
Además, existirá un equipo de limpieza de
doble cubo sin usar.
9.1. Riesgos no biológicos
9.1.1. Accidentes químicos
Por inhalación
Se producen por no usar (o usar
inadecuadamente) las vitrinas de gases o por
accidentes.
Si es grave, como la fuga de gases tóxicos:
1º. Dar la voz de alarma.
2º. No intentar socorrer a los afectados sin
usar máscara de gases (para sacar al
paciente de la zona).
3º. Cerrar la zona, y, si es posible, ventilarla.
4º. Conducir al afectado al Servicio de
Urgencias y, si es necesario, iniciar
procedimientos de reanimación.
Por deglución
Se producen si se cometen errores básicos
de pipeteo o cuando se utilizan incorrectamente
envases de refrescos o bebidas para guardar
productos químicos (lo que está formalmente
prohibido). Se acudirá al Servicio de Urgencias
inmediatamente y como emergencia se usará una
solución de carbón activado o el antídoto conocido.
Por contacto
Los más frecuentes son las salpicaduras por
ácidos, álcalis, sustancias tóxicas o cancerígenas,
etc. Debe existir una ducha de seguridad y se
respetará lo prescrito en el manual de seguridad
referente al transporte, almacenamiento y manejo de
todo tipo de productos utilizados en el laboratorio.
Consultando las fichas de datos de seguridad de los
productos es posible conocer los riesgos inherentes a
cada uno de ellos, así como las normas de seguridad
a seguir (uso en campana de extracción, empleo de
guantes, gafas o pantalla facial, máscaras, etc.).
9.1.2. Accidentes físicos
Los más frecuentes son las heridas causadas
por objetos punzantes o cortantes (pinchazo y herida
sangrante). En este caso se deberán aplicar las
medidas bien detalladas en los Protocolos de
actuación después de una exposición accidental a
productos biológicos probablemente
contaminados perfectamente descritos en los
protocolos específicos de hepatitis y SIDA de la
SEIMC.
Las centrífugas actuales tienen mecanismos
básicos de seguridad, pero no es infrecuente
encontrar todavía algunas que, debido a lo antiguo de
su diseño, permiten ser abiertas antes de su parada
completa, hecho inaceptable con las normativas
actuales. Así pues se pueden producir accidentes al
frenarlas manualmente, con el consiguiente riesgo de
lesión por la enorme fuerza centrífuga de las mismas.
El manejo y transporte de las bombonas de
gases debe ser realizado por personal especializado.
Estarán bien ancladas para evitar que se caigan.
En general, no debe utilizarse la luz UV
porque no es esterilizante, sino sólo descontaminante
y produce una falsa sensación de seguridad. En la
CSB no se puede trabajar con ella encendida ya que
puede dar lugar a una quemadura corneal
tremendamente dolorosa. Si ello ocurre, se consultará
con el Servicio de Oftalmología.
Las quemaduras por vapor procedente de los
autoclaves, así como las producidas por salpicaduras
de los microondas, se tratarán tópicamente.
9.1.3. Accidentes eléctricos
Se evaluará su gravedad y se decidirá si se
traslada al accidentado al servicio de urgencias o si
hay que practicar maniobras de reanimación.
Jamás se intentará apartar al afectado de la
fuente eléctrica con las manos, sino a través de un
objeto no conductor y, si es posible, siempre se
cortará primero el suministro (todos los cuadros han
de estar debidamente señalizados).
9.1.4. Fuego
Merece consideración específica, ya que
todavía, desgraciadamente, no es infrecuente el uso
de mecheros Bunsen en muchos Laboratorios de
Microbiología. Todo el utillaje eléctrico, en conjunción
con el gran uso que se hace de productos
inflamables, hace que la posibilidad del fuego haya de
ser tenida muy en cuenta. En el supuesto de un
fuego, una actuación correcta inicialmente puede
decidir el resultado final.
Consideraciones generales ante el fuego:
Para que exista un fuego como tal, hace falta
que se mantenga el tetraedro del fuego, a saber:
material combustible, oxígeno, temperatura y reacción
en cadena (producción de radicales libres). Si se dan
los cuatro requisitos se produce un fuego con llama,
si falla la reacción en cadena se produce un fuego sin
llama. Según el material que arde, el fuego se
clasifica en:
A. ALFA. Cuando arde material sólido.
B. BRAVO. Cuando arde material líquido.
C. CHARLIE. Cuando arde material gaseoso.
D. DELTA. Cuando arden metales.
E. ECHO. Cuando arde material eléctrico.
En el Laboratorio de Microbiología se pueden
producir los cinco tipos de fuego. Los mecanismos
básicos para actuar contra el fuego son los que
inciden sobre alguno de sus pilares básicos tales
como:
– Temperatura. Mediante enfriamiento con
agua, CO2.
– Oxígeno. Mediante sofocación, espuma,
manta, polvo, CO2.
– Material. Si es posible, se tira o confina lo
que está ardiendo (por ejemplo una gasa, un papel,
etc.). Cualquier tipo de extintor es válido para estos
fuegos.
– Reacción en cadena. Impedir la formación
de radicales libres enfriando y sofocando.
La extinción se lleva a cabo mediante
extintores, que básicamente son de:
– Agua: Chorro o niebla (actúa por
enfriamiento).
– Espuma: Especialmente indicados para
líquidos (sofocación).
– Polvo seco: Actúa por sofocación.
– Gas inerte (CO2): Actúa por sofocación y
enfriamiento.
Los extintores siempre actúan sobre uno o
más de los componentes del tetraedro del fuego, pero
hay que elegir el adecuado según el tipo de fuego.
Generalmente, el de CO2 es el de elección para un
Laboratorio de Microbiología.
Para apagar la ropa ardiendo del personal, lo
mejor es utilizar la ducha de emergencia o la manta
apagafuegos.
En el caso de los líquidos que arden en su
superficie, se procurará usar la sofocación para evitar
que se produzcan salpicaduras del líquido inflamable
que arde. Muchos extintores salen a tanta presión
que si inciden sobre la superficie del líquido ardiendo,
pueden dar lugar a un efecto contraproducente.
Actualmente son frecuentes las quemaduras
por líquidos o medios de cultivo calentados en el
microondas. Jamás debe usarse éste sin tabla de
tiempos o sin vigilancia. No debe utilizarse para fundir
medios que contengan agar porque se producen
salpicaduras fácilmente.
9.2. Riesgos biológicos
Los accidentes biológicos se producen
generalmente por:
1. Inoculación accidental.
2. Heridas causadas por animales de
laboratorio.
3. Ingesta accidental.
4. Derrames y salpicaduras:
Derrames en la recepción de
muestras.
Salpicaduras en cara y ojos.
Salpicaduras y contacto directo.
Salpicaduras en la superficie de
trabajo.
Salpicaduras fuera de la zona de
trabajo.
5. Aerosoles.
6. Por el aire.
7. Deliberados y de origen desconocido.
9.2.1. Inoculación accidental
Como ya se ha comentado, están
perfectamente protocolizadas y se han establecido
normas de actuación en protocolos específicos de la
SEIMC. Igualmente ocurre con las heridas
sangrantes.
9.2.2. Heridas causadas por animales de
laboratorio
Se tratarán como cualquier otra herida.
Además, según la especie e historial del animal, se
actuará en consecuencia.
9.2.3. Ingesta accidental
Se produce cuando se cometen errores
básicos de pipeteo, por comer, beber o fumar en el
área de trabajo y al ingerir erróneamente caldos
dispensados en envases de refrescos o bebidas.
Según el agente biológico de que se trate se acudirá
al Servicio de Enfermedades Infecciosas. Se cultivará
el líquido o sólido en cuestión para aislar el
microorganismo. Como emergencia, se puede utilizar
una solución de carbón activado y se decidirá el inicio
de tratamiento específico o profiláctico.
9.2.4. Derrames y salpicaduras
Es uno de los apartados más importantes por
su frecuencia y porque las medidas a tomar son
responsabilidad exclusiva del Laboratorio de
Microbiología y bajo ningún concepto del personal de
limpieza. El procedimiento empleado, bien
protocolizado, debe estar contemplado en el Manual
de Seguridad. Los derrames y salpicaduras pueden
ser de muchos tipos: por pérdida de los diferentes
envases, generalmente porque estén mal cerrados
(ya que se supone que son los adecuados), por rotura
de los mismos, vuelco, etc. y son muy frecuentes en
la zona de recepción de muestras. Para actuar
correctamente son muy recomendables las
Estaciones de Seguridad.
Lavado. Primero se eliminan los restos
groseros de cristal, plástico, agar, etc., después se
lava con abundante agua y un detergente acuoso y a
continuación se inicia la desinfección. Hay que tener
en cuenta que cualquier sustancia orgánica (agar
sangre, restos de peptona, etc.) es
extraordinariamente bloqueante de la capacidad
oxidativa del hipoclorito sódico y de la capacidad de
actuación de los iodóforos; por ello, la norma es
primero limpiar y después desinfectar.
Desinfección. Se empleará un desinfectante
preferentemente líquido. Los más útiles en el
laboratorio son:
1. Hipoclorito sódico. De elección para
suelos, cerámica, etc. No debe usarse en
superficies metálicas. Se utiliza a la
dilución pertinente para conseguir 50000
p.p.m. de cloro libre. Se vierte haciendo
un círculo alrededor del derrame, o mejor
sobre papel absorbente, y se deja actuar
20 minutos.
2. Iodóforo. Se utiliza a la dilución indicada
por el fabricante. Adecuado en superficies
metálicas.
3. Alcohol etílico al 70%.
4. Productos detergentes desinfectantes.
Agentes como Virkon® (peróxido
tamponado con surfactante), de fácil
manejo, no corrosivo, no irritante,
especialmente activo en presencia de
materia orgánica y que cambia de color
cuando deja de ser activo.
9.2.4.1. Derrames en la recepción de muestras
Son muy frecuentes, casi siempre por estar
mal cerrados los diferentes envases. Es preceptivo
trabajar con guantes y cerca de una estación de
seguridad. En cada caso concreto habrá que decidir
si se traslada parte o todo el material a una CSB para
que en la misma se pueda intentar recuperar parte del
material (por ejemplo, un lote de muestras que se ha
contaminado por la rotura o pérdida de una de ellas).
Se desinfecta por el mismo procedimiento descrito
para las superficies.
9.2.4.2. Salpicaduras en cara y ojos
Si el accidentado no lleva lentillas, lavar con
abundante agua durante mucho tiempo y sólo
después evacuar al Servicio de Oftalmología con la
referencia del agente y con el Supervisor de
Seguridad. Si lleva lentillas (lo que está formalmente
prohibido), lavar con agua abundante e intentar
quitárselas. Si no es posible, recurrir de inmediato al
Servicio de Oftalmología.
9.2.4.3. Salpicaduras y contacto directo
Generalmente suele ser el propio accidentado
el encargado de su neutralización. Si tiene dudas
debe avisar al Supervisor de Seguridad. La actuación
jamás se dejará en manos de personal no cualificado
(personal de limpieza).
Sobre piel descubierta. Lavado con abundante agua
el tiempo que sea necesario. Jamás se intentará
neutralizar cáusticos con bases, ya que se genera
mucho calor y las consecuencias son peores. Se
deberá consultar con el Supervisor de Seguridad para
medidas específicas.
Sobre la ropa. Valorar si se debe y puede cambiar o
si se requiere ducha de emergencia. Proceder según
el producto y la decisión del Supervisor de Seguridad.
9.2.4.4. Salpicaduras en la superficie de trabajo
a) En la Cabina de Seguridad Biológica
(CSB)
1º. Riesgo alto (derrames de gran
volumen y que pasan a la bandeja inferior).
A. Desinfección de la CSB.
No parar la cabina, debe continuar
trabajando durante todo el proceso.
Con guantes y bata protectora, extender
un desinfectante (por ejemplo, Virkon®) en
cantidad suficiente para empapar toda la
superficie de trabajo e inundar la cubeta
inferior.
En estas circunstancias no se recomienda
el uso de alcohol ya que, debido al gran
volumen que se necesita, puede existir
peligro de incendio.
Dejar que actúe el desinfectante antes de
recogerlo todo y empezar la limpieza de la
cabina. Depositar todo lo recogido en una
bolsa de autoclave, incluidos los guantes
utilizados y la bata protectora. Dejar
funcionando la CSB durante 10 m más y, a
continuación:
B. Limpieza de la CSB.
Con alcohol etílico al 70% retirando todos
los restos de desinfectante.
2º. Riesgo moderado. (Salpicadura que
queda limitada a la superficie de trabajo o
que ha sido absorbida por el papel
secante).
A. Desinfección de la CSB.
Exclusivamente de la zona de trabajo con
Virkon®. A continuación se limpia.
B. Limpieza de la CSB.
Con alcohol etílico al 70% retirando todos
los restos de Virkon®.
A criterio del responsable, si es necesario, se
practicará una descontaminación general de la CSB,
incluidos los filtros. Esta acción se realiza en función
de la peligrosidad del agente y del volumen del
vertido (seguir las normas de descontaminación de la
CSB).
b) En la poyata de trabajo
Si hay presión negativa respecto a las áreas
adyacentes:
Dar la voz de alarma para que nadie más
entre en la zona, mantener la puerta
cerrada y comenzar el proceso quitándose
la ropa usada (desechándola en una bolsa
de autoclave) y vistiéndose de acuerdo
con la gravedad del accidente. A
continuación:
1º. Neutralizar el derrame (toalla
absorbente, polvos, papel secante, etc.),
limpiar con agua y detergente la zona
con el equipo de seguridad, desecharlo a
bolsa de autoclave.
2º. Desinfectar la zona de trabajo
(superficies metálicas con Virkon® y
suelos con hipoclorito sódico) y dejar
actuar durante 20 m.
3º. Limpiar la zona de trabajo.
La presión negativa da un margen de unos 30
m. para que la misma ventilación anule el peligro del
aerosol formado.
Si no hay presión negativa respecto a las áreas
adyacentes:
Dar la voz de alarma, empezar el proceso
de vestirse con lo mínimo imprescindible e
inmediatamente:
1º. Neutralizar el derrame (toalla
absorbente, polvos, papel secante, etc.).
Acabar de vestirse adecuadamente.
2º. Desinfectar la zona de trabajo
(superficies metálicas con Virkon® y
suelos con hipoclorito sódico) y dejar
actuar durante 20 m.
3º. Limpiar la zona de trabajo.
9.2.4.5. Salpicaduras fuera de la zona de trabajo
Pasillos, suelos
En los pasillos se aplican las mismas medidas
que en las zonas que no tienen presión negativa. En
el suelo como en la poyata de trabajo y como en las
zonas sin presión negativa. Se usan mochos nuevos
y técnica de doble cubo, que se desecha al acabar
como residuo tipo III.
Tubos rotos dentro de la centrífuga
Se exigirá siempre la presencia del
Supervisor de Seguridad. En ocasiones se puede
detectar el accidente antes de abrir la centrífuga, si se
ha estado presente durante el proceso de
centrifugación, por el cambio de ruido en el
funcionamiento de la máquina. Como esto no siempre
sucede, deberá existir un entrenamiento para cuando
se observe el accidente al abrir la centrífuga: cerrar la
centrífuga y hacer salir inmediatamente a todo el
personal prescindible del área. Vestirse como en el
caso de las salpicaduras (el aerosol puede ser
importante), cerrar la habitación y:
1º. Desinfectar la centrífuga por fuera.
2º. Esperar 20 m.
3º. Abrir la centrífuga muy suavemente.
4º. Colocar todas las muestras no rotas en
una gradilla o recipiente hermético (bolsa
de autoclave) y llevarlas a una CSB para
manipularlas allí.
5º. Limpiar, sacar los restos con guantes
adecuados y meterlos en bolsas de
autoclave o de tipo III. Llevar las cubetas o
cestillos con Virkon® y el rotor, si es
posible, al autoclave.
6º. Desinfectar la centrífuga por dentro con
iodóforo o Virkon® y dejar actuar 20 m.
7º. Limpiar la cuba con alcohol etílico al
70%.
9.2.5. Aerosoles
Los aerosoles son la causa más frecuente e
importante de accidente biológico y su origen es muy
variado. Muchas veces pasan inadvertidos, por lo que
siempre hay que dar por hecho que existen cuando
se producen derrames o salpicaduras.
La mala práctica es la fuente más común de
los aerosoles: enfriar asas calientes hundiéndolas en
el agar, utilizar centrífugas no herméticas, centrifugar
con tubos abiertos o mal cerrados, agitar cultivos con
el asa dentro del tubo, pipetear con demasiada
fuerza, oler las placas, etc.
Las medidas a tomar para evitar los aerosoles
son cambiar los hábitos. Deben anotarse todos los
incidentes y decidir con el Supervisor de Seguridad si
se toman medidas de profilaxis sobre la supuesta
contaminación.
En accidentes en los que se presume la
formación de aerosol, proceder siempre con
protección del aparato respiratorio.
9.2.6. Por el aire
Se producen por fallos en el sistema de aire
acondicionado y se detectan por criterios
epidemiológicos tales como el número de afectados,
la coincidencia en el área de trabajo, etc. Las
medidas son difíciles de implementar porque deben
incluir necesariamente la revisión del sistema de aire
acondicionado.
9.2.7. Deliberados y de origen desconocido
En los deliberados, sólo si el inculpado lo
comunica se podrá actuar al respecto.
9.3. Fumigación
En ocasiones puede ser necesaria la
descontaminación de laboratorios, cámaras frías o
cabinas de seguridad biológica cuando, por ejemplo,
ha ocurrido un gran derrame de material infeccioso o
tras determinadas manipulaciones de mantenimiento
(cambio de filtros HEPA de las cabinas). La
fumigación debe ser siempre un proceso planificado y
llevado a cabo únicamente por personal con la
formación necesaria. El formaldehído es el producto
más empleado, existiendo varias maneras de generar
sus vapores, pero teniendo todas ellas como
exigencia el mantenimiento de una humedad relativa
en torno al 70%.
También existen en el mercado aparatos de
nebulización y vaporización de diversos
desinfectantes que pueden ser una alternativa a la
descontaminación con formaldehído. Estos productos
presentan un espectro de actuación mucho más
restringido que el formaldehído, por lo que resultan
útiles más para el mantenimiento de un ambiente
“limpio” en un determinado local (laboratorio,
quirófano) que para una eficaz desinfección.
10. GESTIÓN DE LOS RESIDUOS EN EL
LABORATORIO DE MICROBIOLOGÍA CLÍNICA
10.1. Generalidades
La gestión de residuos debe ser considerada
como una parte muy importante de la seguridad en el
Laboratorio de Microbiología. Muchos de los
desechos que se generan pueden estar
contaminados por microorganismos o contener
sustancias químicas tóxicas y peligrosas. En menor
medida, el personal del laboratorio puede estar
expuesto a los efectos de las radiaciones ionizantes.
Los casos de infecciones o intoxicaciones en
el laboratorio son conocidos desde antiguo, lo que
hace obligada la adopción de medidas de protección
para la persona que trabaja en este ámbito. La
protección debe ampliarse con prácticas tendentes a
preservar la salud de los compañeros de trabajo.
Además, aunque la visión que aquí se pretende dar
está sobre todo encaminada a la protección del
personal de los laboratorios, no debemos olvidar que
las actividades que en ellos se realizan pueden
afectar a la salud comunitaria.
La mejor manera de racionalizar los residuos
es mediante una gestión integrada cuyos pilares
básicos son la minimización, la segregación y la
eliminación controlada (disposición). El personal del
laboratorio debe ser consciente de que la puesta en
marcha de normas de buena práctica en la gestión de
los residuos repercute poderosamente sobre su salud
y la de los que lo rodean, a la vez que contribuye a la
reducción de costes.
10.2. Clasificación de los residuos según su
peligrosidad
No existe una clasificación universalmente
aceptada. En nuestro ámbito, las Comunidades
Autónomas disponen de reglamentaciones más o
menos elaboradas, por lo general inspiradas en
Directivas de la Comunidad Europea. A modo de
orientación, en el cuadro que figura al final del
epígrafe se ofrece un resumen de las normas legales
actuales. Dicho resumen no es necesariamente
exhaustivo y algunas de las disposiciones pueden
estar modificadas por normas posteriores. Se remite
al lector para que contacte con sus autoridades para
recabar información más precisa. Desde un punto de
vista general, los residuos sanitarios, incluyendo los
que se generan en un Laboratorio de Microbiología
pueden agruparse en residuos inespecíficos y en
residuos de riesgo o específicos. En la mayoría de las
ocasiones suelen dejarse al margen los residuos
radiactivos, objeto de normas muy particulares. Una
clasificación aceptable podría ser:
! Residuos inespecíficos
– Grupo I: residuos sanitarios asimilables a los
municipales como cartón, papel, material de
oficina, basura orgánica, etc.
– Grupo II: residuos inertes que se generan con
la actividad sanitaria, como la ropa de un solo
uso manchada con sangre o secreciones, los
apósitos, etc., siempre que no estén incluidos
dentro de las categorías de riesgo. Implican la
adopción de medidas especiales de
manipulación tan sólo en el ámbito del propio
centro sanitario (bolsas diferenciadas de galga
superior a la habitual, etc.)
! Residuos de riesgo o específicos
– Grupo III: residuos especiales que por sus
riesgos sobre la salud laboral o comunitaria
requieran unas medidas especiales de
prevención, recogida, almacenamiento,
transporte y eliminación, dentro y fuera del
ámbito sanitario. Aquí están incluidos muchos
residuos que se generan en el laboratorio
como, por ejemplo, los cultivos y reservas de
agentes infecciosos, la sangre y
hemoderivados en forma líquida, las agujas y
el material punzante o cortante, los
procedentes de pacientes con enfermedades
infecciosas potencialmente transmisibles, los
animales de laboratorio infectados, etc.
– Grupo IV: residuos de alto riesgo no incluidos
en el grupo III y citostáticos. Están tipificados
en normativas singulares y deben ser
eliminados mediante procedimientos
especiales. Incluyen compuestos con
propiedades cancerígenas, mutagénicas,
teratogénicas o de elevada toxicidad, así
como al material que está en contacto con
ellos. Un ejemplo en el Laboratorio de
Microbiología es el bromuro de etidio, pero
aquí también podríamos incluir los
termómetros de mercurio, las pilas “de botón”
con metales pesados, etc.
10.3. Gestión de los residuos infecciosos
10.3.1. Definición de residuo infeccioso
De una forma conceptual, podemos
considerar que un residuo infeccioso es todo aquel
material capaz de producir una enfermedad
infecciosa. Sin embargo, a diferencia de los residuos
químicos y radiactivos, los desechos infecciosos y sus
riesgos asociados no pueden ser identificados de una
forma objetiva. La posibilidad de contraer infecciones
en el laboratorio a través de los cultivos
microbiológicos desechados o tras una punción o
herida accidental es algo bien conocido. No ocurre lo
mismo a la hora de evaluar el riesgo que las
actividades del laboratorio puedan tener sobre la
salud de la comunidad. Por ejemplo, no existen
evidencias epidemiológicas que asocien las
infecciones en la comunidad con los residuos
hospitalarios, de la misma manera que no se ha
demostrado que los desechos de los hospitales
tengan más capacidad infecciosa que los residuos
urbanos generales. Es necesario tener en cuenta
aspectos epidemiológicos como la vía de transmisión,
la puerta de entrada, la virulencia del patógeno y la
susceptibilidad del huésped, entre otros. A pesar de
todo, la mayor extensión y gravedad de hipotéticos
brotes, la alarma social que crearía y razones de tipo
estético obligan a un tratamiento particularizado de
los residuos infecciosos antes de ser eliminados
como residuos urbanos.
10.3.2. Manual de gestión de los residuos
infecciosos
Todo Laboratorio de Microbiología debería
elaborar un manual o protocolo para la gestión de
estos residuos, siguiendo las directrices generales
contenidas en el Plan de Residuos de cada
institución. Esta recomendación puede ser norma
obligada en el caso de que el laboratorio pretenda
certificarse o acreditarse. Entre los diferentes
aspectos que debe contener dicho manual se pueden
citar los siguientes:
• Estrategias de minimización de los residuos,
incluyendo la reducción en origen.
• Segregación de los residuos infecciosos de los no
infecciosos.
• Identificación y tipificación de los residuos
infecciosos y su riesgo relativo. Algunas
Comunidades Autónomas disponen de
reglamentaciones que pueden ser orientativas.
• Normas de señalización, rotulación,
almacenamiento y transporte.
• Plan de formación de todas las personas
expuestas a estos residuos.
• Normas de actuación en caso de vertidos o roturas
accidentales.
• Plan de contingencia ante el fallo de las medidas
de contención habituales.
10.3.3. Manipulación de los residuos infecciosos
Residuos líquidos
La sangre, líquidos orgánicos, secreciones,
etc. pueden eliminarse directamente por el desagüe
con agua abundante, según aceptan diversas
reglamentaciones específicas y los manuales
generales. Por lo que se refiere a los líquidos
infecciosos que genera el propio laboratorio, como los
sobrenadantes de los cultivos, etc., es aconsejable
recogerlos en un recipiente que contenga una
solución de hipoclorito sódico recién preparada. Debe
calcularse el volumen máximo aceptable para
asegurar la eficacia del desinfectante. Luego podrían
ser eliminados por los desagües. No obstante,
muchos laboratorios someten a los residuos líquidos,
sangre incluida, a un tratamiento en el autoclave, lo
que es de mayor importancia si se trata de residuos
procedentes de las áreas de micobacteriología o
virología.
Residuos sólidos
Las formas más frecuentes de tratamiento de
los residuos sólidos son la incineración y la
esterilización por autoclave. Por lo que respecta a la
incineración realizada en los propios hospitales, es
una actividad cada vez más restringida, debido a la
contaminación que origina en las zonas urbanas
donde están implantados. Más frecuente es transferir
los residuos a empresas autorizadas, lo que debe
hacerse en recipientes rígidos que deberán ser
transportados de forma regulada.
La esterilización en autoclave es la manera
más común de tratar este tipo de residuos en el
propio laboratorio que los genera. Hay que
asegurarse que el ciclo del autoclave permite la
esterilización en toda la masa de los residuos. Los
programas para materiales limpios no sirven para los
desechos, siendo aconsejable prolongar el tiempo y
aumentar la presión del proceso de autoclavado. La
utilización de indicadores químicos no es suficiente
para el control de la eficacia, que dependerá del tipo
de material, volumen, etc. Las suspensiones de
esporas de Bacillus tampoco pueden asegurar en
todas las circunstancias que el tratamiento térmico es
suficiente en las zonas más internas de la masa de
material a esterilizar, pues muchas veces no pueden
ser colocadas en el lugar que sería apropiado.
Algunos expertos recomiendan no utilizarlas, para
evitar una falsa seguridad; alternativamente,
consideran más apropiado el control riguroso
sistemático en cada proceso (por ejemplo, registros
de presión y temperatura) y el mantenimiento
apropiado del autoclave.
Objetos punzantes y cortantes
Constituyen un claro riesgo de inoculación
accidental de microorganismos. Todos estos
materiales deben depositarse en recipientes
específicos que sean resistentes a la punción y con
un cierre seguro. Una vez llenos, se depositan en los
recipientes rígidos destinados a los residuos sólidos.
10.4. Gestión de los residuos químicos
Aunque los agentes químicos parecen menos
importantes que los residuos infecciosos desde el
punto de vista de la exposición de las personas que
trabajan en el Laboratorio de Microbiología, esta
apreciación no es del todo acertada. Constituyen la
segunda fuente de riesgo y, cuantitativamente, sus
efectos negativos deben ser tenidos muy en cuenta
para adoptar medidas de prevención, no sólo para el
operador sino también para los compañeros de su
entorno. Además, y a diferencia de los residuos
infecciosos, sí se ha demostrado que los residuos
químicos tienen un efecto negativo sobre la salud
comunitaria. En España sigue vigente el RD 833/88
sobre residuos tóxicos y peligrosos.
La buena gestión de estos residuos se
fundamenta en los mismos principios generales ya
enunciados. Esta gestión es, probablemente, una
asignatura pendiente en muchos centros sanitarios y,
como cabe esperar, también en los Laboratorios de
Microbiología. Aunque algunas de las
recomendaciones puedan parecer exageradas o
difíciles de poner en práctica, muchas veces más por
una falta de conciencia sobre el problema que por su
dificultad intrínseca, no es menos cierto que la
tendencia va en la dirección de tener que cumplir con
normativas cada vez más restrictivas.
10.4.1. Protocolo de gestión de los residuos
químicos
Al igual que con los residuos infecciosos, se
recomienda abiertamente la elaboración de
manuales, procedimientos o protocolos destinados a
la gestión de los residuos químicos. Deberán ser
acordes y formar parte del Plan de Gestión de
Residuos de cada institución. Antes de su
elaboración, debe hacerse una auditoría interna del
laboratorio para identificar todos aquellos residuos
peligrosos que sean susceptibles de atención. A
modo de ejemplo, algunos de los aspectos a
considerar en el manual podrían ser:
! Enumeración de los residuos químicos
peligrosos, resultado de la encuesta
previa.
! Descripción individualizada de su
peligrosidad.
! Métodos para reducir su producción.
! Sistemas de eliminación controlada.
! Normas de actuación en situaciones
accidentales.
! Plan de formación del personal.
10.4.2. Residuos químicos más peligrosos o
habituales en el Laboratorio de
Microbiología y su tratamiento
El Laboratorio de Microbiología no es un
generador de grandes cantidades de residuos
químicos, salvo casos concretos, aunque algunos de
ellos pueden ser nocivos y peligrosos. En otras
ocasiones el peligro viene por situaciones
accidentales. Se recomienda disponer en la Estación
de Seguridad de material absorbente inerte específico
para productos químicos.
En general, el tratamiento de estos residuos
por parte del propio laboratorio no suele ser aplicable
por razones prácticas, siendo materia de especialistas
(gestores). En ocasiones forman parte de reactivos
comerciales, por lo que deben leerse con atención los
prospectos y las fichas de seguridad respectivas. Las
más de las veces pueden eliminarse después de un
sencillo tratamiento en el propio laboratorio. Cuando
no es posible, debe consultarse a las autoridades
locales para su vertido controlado. Seguidamente,
exponemos algunos ejemplos que pueden plantearse
en el Laboratorio de Microbiología.
Ácidos inorgánicos
Salvo roturas accidentales, no suele ser
frecuente tener que eliminar ácidos concentrados
(HCl, HNO3, H2SO4, etc.), aunque sí soluciones
diluidas. Como norma aproximada, no deben
eliminarse directamente aquellas soluciones cuya
concentración sea mayor de 1N. Los ácidos más
concentrados se diluyen con agua al 1:5 (atención
con el ácido sulfúrico), se neutralizan a pH 6,8 con
soluciones de hidróxido sódico, se vuelven a diluir al
1:10 en agua y ya pueden eliminarse por los
desagües. Las soluciones más diluidas se neutralizan
con sosa, se diluyen con agua y se eliminan.
Bases inorgánicas, sales básicas y disoluciones
básicas
Rige un procedimiento paralelo al de los
ácidos. Las bases y sales básicas se neutralizan con
ácido sulfúrico diluido. Si son muy concentradas, se
diluyen previamente con agua al 1:5. Una vez
neutralizadas se vuelven a diluir con agua (1:10) y se
eliminan directamente.
Fenoles
El fenol y sus derivados son irritantes y
tóxicos. No deben eliminarse a través de los
desagües, ni siquiera diluidos. Los procedimientos de
destrucción química están fuera de las posibilidades
de los laboratorios. Lo más aconsejable es separarlos
en recipientes específicos y transferirlos a un gestor
autorizado de residuos.
Azida sódica
Está presente en muchos reactivos
comerciales como conservante. Nunca debe
eliminarse directamente por desagües de plomo pues
se forman derivados altamente explosivos. Además,
la azida sódica es altamente tóxica y un poderoso
agente mutágeno. Es conveniente contactar con las
autoridades locales o gestores autorizados para
recabar normas específicas, pues la destrucción
química con nitrito sódico no resulta práctica en los
laboratorios diagnósticos.
Aldehídos, cetonas y disolventes orgánicos
El residuo más importante dentro de este
grupo que puede ser generado en el laboratorio de
microbiología es el formaldehído. No debe ser
eliminado directamente por los desagües. Conviene
almacenarlo en recipientes seguros para luego ser
eliminado de forma controlada. La destrucción con
permanganato potásico es compleja. La eliminación
controlada también es aconsejable para los diversos
disolventes orgánicos (acetona, cloroformo, xileno y
otros derivados bencénicos, etc.) utilizados en el
Laboratorio de Microbiología.
Bromuro de etidio
Es un poderoso mutágeno de efecto
acumulativo utilizado en técnicas de biología
molecular. Deben seguirse de forma estricta los
procedimientos de manipulación que eviten el
contacto del usuario con esta sustancia (guantes,
etc.), así como la exposición del resto de trabajadores
del laboratorio. Los geles teñidos con bromuro de
etidio no deben eliminarse como una basura
convencional, sino a través de los sistemas de
eliminación de mutágenos y citostáticos propios de
cada hospital. Los tampones de electroforesis que lo
contienen no deben eliminarse por los desagües, sino
que deben tratarse con carbón activo (100 mg por
cada 100 ml de solución), filtrar la suspensión
formada a través de un filtro de papel y depositar el
conjunto en el cubo de eliminación de citostáticos.
Las superficies pueden descontaminarse aplicando
una papilla de carbón activo: dejarla actuar, retirarla y
depositar los restos en el cubo de eliminación de
citostáticos.
Colorantes utilizados en las tinciones de Gram,
Giemsa, Papanicolau y similares
No deben ser eliminados directamente por los
desagües. Se recomienda efectuar las tinciones en
cubetas que drenen sobre botellas o bidones y
entregarlos a un gestor de residuos autorizado.
Tinción de auramina
Cabe aplicar las mismas recomendaciones
que con las otras tinciones, si bien aquí la
recomendación es más rigurosa.
Naranja de acridina
También es un mutágeno. Es recomendable
almacenar los restos en recipientes adecuados y
eliminarlos a través de un gestor autorizado.
Metales pesados, mercurio y compuestos
organomercuriales
Se incluyen dentro de este grupo las pilas y
elementos afines, para los que ya existen planes
locales de recogida controlada. Por otra parte, es
difícil que se generen en el laboratorio otros residuos
que contengan estos metales, pero hay que recalcar
que nunca deben eliminarse a través de los sistemas
de desagüe.
La rotura de termómetros y manómetros
puede ser una causa de exposición al mercurio. Se
recomienda recoger los restos más visibles y
depositarlos en un recipiente cerrado. Los menos
visibles pueden recogerse con ayuda de polvo
absorbente o azufre y guardar el conjunto en otro
envase. Entre los derivados organomercuriales que
podemos encontrar en el Laboratorio de Microbiología
destaca el mertiolato. Los residuos deben ser
almacenados y eliminados de forma controlada.
10.5. Residuos radiactivos
No es necesario insistir en sus peligros. En
los Laboratorios de Microbiología se generan residuos
radiactivos de moderada o baja intensidad, y cada
vez hay mayor tendencia a sustituir las técnicas
radiométricas por métodos alternativos. La
eliminación debe hacerse de acuerdo con el plan
específico de cada institución. La recogida y gestión
de los residuos radiactivos es competencia exclusiva
de la empresa ENRESA.
10.6. Recomendaciones para la manipulación de
residuos
• La mejor prevención es la educación. El
laboratorio deberá contar con manuales o
protocolos de gestión de los residuos (biológicos
y químicos), como se indica en los apartados
10.4.1. y 10.3.2. de esta monografía. Dichos
documentos deberán contar con normas
específicas de actuación en caso de accidentes y
establecer un plan de formación del personal.
• Es obligado que todos los trabajadores del
laboratorio conozcan y entiendan su contenido.
El laboratorio debería entregar un ejemplar a
cada nuevo trabajador en el momento de su
incorporación.
• Los recipientes para desechar los residuos de
riesgo o específicos (grupos III y IV) en el área de
trabajo deben ser rígidos, impermeables,
resistentes a ácidos y álcalis, de cierre hermético
y homologados para ser incinerados. Así está ya
establecido en la reglamentación de algunas
Comunidades Autónomas.
• Los residuos sanitarios que genera el laboratorio
deberán identificarse y segregarse en
concordancia con las normas generales del Plan
de Residuos de cada centro, con especial
atención a los residuos grupos III y IV.
• El almacenamiento y transporte deberán hacerse
en condiciones seguras. Deberán existir zonas
acotadas para su almacenamiento intermedio,
específicas para esta función si los residuos son
de riesgo (grupos III y IV).
• El tiempo de almacenamiento en el laboratorio
(almacenamiento intermedio) no debería superar
las 24 h. El tiempo se cuenta una vez el
recipiente se ha llenado y cerrado.
• Los recipientes con residuos nunca se apilarán o
se colocarán en zonas elevadas, tanto durante su
almacenamiento intermedio como durante el
transporte.
• Los residuos que puedan originar tóxicos
volátiles se almacenarán en un área bien
ventilada.
• Deberá evitarse la proximidad de los residuos
inflamables a cualquier fuente de calor. Si,
además, son volátiles, se almacenarán en una
habitación bien ventilada.
• El transporte fuera del laboratorio debería estar
encomendado a personas con formación
específica y con los medios adecuados, por lo
general dentro del contexto de la gestión general
de residuos de cada centro sanitario.
• Para los residuos no específicos se utilizarán
bolsas diferenciadas (colores) de galga superior
a 200. Si los residuos son punzantes o cortantes
deberán utilizarse recipientes rígidos resistentes
a la perforación cuyo volumen no supere los 2 L.
Los residuos de las clases III y IV se transportan
en los propios recipientes en los que se
depositan. No se recomiendan recipientes de un
volumen superior a los 60 L.
• El transporte puede efectuarse en carros
específicamente destinados a tal fin. No se
transportarán a la vez residuos de riesgo junto
con residuos no específicos. Si los recipientes
son los adecuados y se manipulan
correctamente, no es necesario establecer
circuitos especiales, aunque muchas veces sea
recomendable por razones estéticas.
• Deberá evitarse originar aerosoles durante el
transporte de los residuos biológicos, muy en
especial de aquellos que contengan patógenos
cuya vía de transmisión sea la aérea. Los
recipientes que los contengan se manipularán sin
hacer movimientos bruscos. Como resulta obvio,
no es apropiada la utilización de bajantes para el
transporte de los residuos de riesgo o
específicos.
10.7. Normas de actuación en caso de accidente
durante la manipulación de residuos
Los residuos deben considerarse, a todos los
efectos, como un producto más del laboratorio, por lo
que se aplica aquí todo indicado en los capítulos 7
(Normas de protección frente a productos químicos) y
9 (Plan de Emergencias) de esta monografía. Por lo
que respecta a los accidentes con riesgo de
exposición a los productos químicos contenidos en
los residuos, los mayores peligros se producen por
inhalación o por contacto. Los riesgos biológicos
derivan de la manipulación inadecuada y se producen
por inoculación accidental, rotura, derrames y
salpicaduras de agentes infecciosos.
Como normas prácticas de tipo general, hay
que tener presente lo siguiente:
• El vertido, rotura o cualquier otra exposición
accidental a los efectos nocivos de los residuos
se considera una situación que debe ser
comunicada siempre al Supervisor o al Jefe del
Laboratorio. Además de una actuación racional
en cada caso concreto, se persigue el identificar
situaciones repetidas para introducir las medidas
correctoras oportunas.
• Los residuos deben segregarse de acuerdo con
sus características y sus riesgos respectivos. De
esta forma, cada persona será consciente del
peligro que entraña una hipotética situación
accidental.
• Ante una situación de este tipo hay que procurar
mantenerse sereno. Si se es consciente de un
peligro grave, hay que dar la alarma para avisar
al resto del personal.
Algunas disposiciones legales relacionadas con la gestión de residuos.
Comunidad Normativa Publicado en:
Andalucía Decreto 283/1995 de 21 de noviembre BOJA 9/12/1995
Aragón Decreto 29/1995 de 21 de febrero BOA 6/3/1995
Cantabria Decreto 22/1990 de 7 de mayo BOC 25/5/1990
Castilla León Decreto 204/1994 de 15 de septiembre BOC y L 21/9/1994
Cataluña Decreto 300/1992 de 24 de noviembre DOGC 30/12/1992
Cataluña Decreto 71/1994 de 22 de febrero DOGC 13/4/1994
Extremadura Decreto 135/1996 de 3 de septiembre DOE 14/9/1996
Galicia Decreto 460/1997 de 21 de noviembre DOGA 19/12/1997
La Rioja Decreto 51/1993 de 11 de noviembre BOR 16/11/1993
Madrid Decreto 83/1999 de 3 de junio BOCM 14/6/1999
Navarra Decreto 181/1994 de 3 de octubre BON 19/10/1994
Valencia Decreto 240/1994 de 22 de noviembre DOGV 5/12/1994
País Vasco Decreto 313/1996 de 24 de diciembre BOPV 21/1/1997
11. ALMACENAMIENTO, TRANSPORTE Y ENVÍO
DE MATERIAL BIOLÓGICO
11.1. Almacenamiento
El material infeccioso debería almacenarse en
zonas de acceso restringido para minimizar la
posibilidad de contaminación del personal o el
ambiente.
El almacenamiento de material en
congeladores, especialmente en los de nitrógeno
líquido, presenta una problemática especial. Debido a
las bajas temperaturas, si los viales que se utilizan
para el envasado no son de la calidad adecuada,
pueden romperse, originando el derrame del material
en el nitrógeno líquido, con la consiguiente
contaminación del recipiente. En el caso de que esto
ocurra debe vaciarse el recipiente, dejar que el
nitrógeno líquido se evapore y proceder a su limpieza
y desinfección. Asimismo, cuando se maneja el
material almacenado en este tipo de contenedores de
congelación, siempre se deberán utilizar gafas o
mascarillas de protección para evitar salpicaduras del
nitrógeno líquido.
11.2. Transporte y envío
No existen regulaciones o recomendaciones
específicas para el transporte seguro de
microorganismos patógenos, genéticamente
modificados o no. Sin embargo, si ampliamos la
definición de estos organismos y los consideramos
como “mercancías peligrosas” o “sustancias
infecciosas”, hay varios documentos internacionales
relacionados con el tema, como los de la Unión Postal
Universal (UPU), la Organización Internacional de
Aviación (OIAC) y la Asociación Internacional de
Transporte Aéreo (IATA).
A nivel europeo se han publicado, o van a ser
publicadas próximamente, varias Directivas sobre la
normativa para el transporte de mercancías
peligrosas en/entre los Estados Miembros. Estas
Directivas, y en general todos los documentos
internacionales relacionados, están basadas en un
texto único común, las Recomendaciones del Comité
de Expertos de las Naciones Unidas para el
Transporte de Artículos Peligrosos (UN).
Estas recomendaciones clasifican las
mercancías peligrosas en varias clases, dos de las
cuales están relacionadas con los microorganismos
patógenos, genéticamente modificados o no: clase
6.2 (substancias infecciosas) y clase 9 (substancias
peligrosas misceláneas y artículos). En la clase 6.2
están incluidas las substancias que contienen, o
razonablemente se espera que contengan,
microorganismos viables, incluyendo bacterias, virus,
rickettsias, parásitos, hongos, recombinantes híbridos
o mutantes, de los que se conoce o razonablemente
se cree que pueden producir enfermedad en
humanos o animales expuestos a ellos.
En la clase 9 se incluyen microorganismos
modificados, no peligrosos para humanos o animales,
pero que podrían dar lugar a cambios en animales,
plantas, substancias microbiológicas, así como en el
ecosistema. También se incluyen microorganismos
peligrosos para el ambiente, los cuales deben de ser
transportados en condiciones especificadas por las
autoridades competentes del país de origen.
Sistema básico de embalaje. De una
manera general, para el embalaje y transporte de
material biológico y teniendo en cuenta las
peculiaridades en función de los microorganismos, un
sistema básico de embalaje se compone de:
Recipiente primario estanco, a prueba de
filtraciones, etiquetado, que contiene la muestra. El
recipiente debe envolverse en material absorbente.
Recipiente secundario estanco, a prueba de
filtraciones, que encierra y protege el recipiente
primario. Se pueden colocar varios recipientes
primarios envueltos en un recipiente secundario. Se
debe usar suficiente material absorbente para
proteger a todos los recipientes primarios y evitar
choques entre ellos.
Recipiente externo de envío. El recipiente
secundario se coloca en un paquete de envío que
protege al recipiente secundario y su contenido de los
elementos externos, tales como daño físico y agua.
Los formularios con datos, cartas y otras
informaciones de identificación de la muestra deben
colocarse pegados con cinta adhesiva en el exterior
del recipiente secundario.
La Guía para el transporte de substancias
infecciosas y especímenes diagnósticos, publicada
por la OMS en 1997, permite un conocimiento
detallado de los requerimientos específicos para las
diferentes situaciones que se pueden plantear ante el
envío de cualquier tipo de material biológico, algunos
de los cuales se exponen a continuación:
1. Cantidad de substancias infecciosas que pueden
enviarse en un paquete.
2. Tipos de etiquetas de riesgo para substancias
infecciosas y para microorganismos
genéticamente modificados.
3. Tipos de etiquetas de riesgo para
microorganismos no infecciosos.
4. Etiquetas para envío con dióxido de carbono
(hielo seco).
5. Información que debe figurar en la etiqueta.
6. Normas para envío con refrigerantes (dióxido de
carbono y nitrógeno líquido).
7. Ejemplos de formato de los documentos de envío
(los originales pueden obtenerse de la compañía
transportadora).
En los vuelos internacionales está
estrictamente prohibido que los pasajeros transporten
substancias infecciosas con ellos o en su equipaje de
mano. Igualmente está prohibida la utilización del
correo diplomático para el transporte de este tipo de
material.Otras posibilidades de transporte de material
biológico incluyen el traslado de muestras dentro de
un hospital o centro, de un laboratorio a otro, de un
hospital a otro de la misma ciudad o a otra ciudad.
Los principios en los que se basa un transporte
seguro son los mismos en todos los casos y su
finalidad es que la muestra no tenga ninguna
posibilidad de salirse del embalaje en las
circunstancias normales de transporte.
El transporte de material biológico requiere
una buena colaboración entre el remitente, la
compañía de transporte y el destinatario, y cada uno
debe asumir sus responsabilidades para garantizar
que el producto llega a su destino oportunamente y
en buenas condiciones.

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